Muere el diseñador de moda británico Alexander McQueen

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El enfant terrible de la moda, uno de los diseñadores más transgresores e innovadores, aparece muerto en su casa de Londres

12 feb 2010 . Actualizado a las 11:50 h.

La noticia de la muerte de Alexander McQueen, uno de los diseñadores más prestigiosos del mundo, reputado por su originalidad y su gusto por la extravagancia y la ruptura de las reglas, conmocionó a la industria de la moda británica e internacional. McQueen, que contaba con 40 años, fue hallado ayer por la mañana en su piso en el acomodado barrio de Mayfair, en el centro de Londres. Todo apunta a que se trató de un suicidio; tan sólo 11 días antes su madre Joyce, a la que se sentía muy unido, había fallecido. Estaba prevista su presencia en la Semana de la Moda de Londres, que debe comenzar el próximo 19 de febrero

Hijo de un taxista del humilde East End de la capital, McQueen demostró una precocidad temprana que se manifestó al diseñar trajes para sus hermanas siendo un niño, y a los 16 años empezó a trabajar como aprendiz en una de las sastrerías de Savile Row, la calle donde se encuentran los sastres que confeccionan los trajes que son considerados la quintaesencia del gentleman inglés.

Difícilmente se podría vislumbrar en aquel momento, aprendiendo la vertiente más tradicional del oficio en negocios como Anderson and Shepard y Gieves and Hawkes el futurismo y el anarquismo con los que dotaría luego sus colecciones.

Aunque trabajó por esta última firma ya entonces despuntaba su afán por romper las reglas: según cuenta la leyenda garabateó en los forros de los trajes, incluido uno para el Príncipe de Gales, «McQueen estuvo aquí». En 1990 prosiguió sus estudios en la prestigiosa escuela de Saint Martins de donde han salido otros genios de la moda como John Galliano. Dos años después, vio cómo la colección entera que había diseñado para su graduación fue comprada por 5.000 libras por una famosa estilista británica, Isabella Blow, que se convirtió de inmediato en su amiga y mecenas. Bow, que era una figura influyente en publicaciones como Vogue y Tatler, lo sacó de la oscuridad y se cree que lo persuadió para que en vez de Lee, el nombre con que le pusieron sus padres, pasara a llamarse Alexander. Bow se suicidó en el 2007, tras serle diagnosticado un cáncer de ovario; su muerte afectó profundamente a McQueen.

Al poco de salir de la escuela Saint Martins, McQueen empezó a ejercer su impactante influencia en los principales nombres de la moda gracias a sus deslumbrantes desfiles. Para McQueen la moda era un arte, y esta concepción se podía apreciar en la teatralidad de sus pasarelas, que eran de todo menos simples. La última de ellas, en Paris en la Semana de la Moda el pasado octubre se tituló 'La Atlantis de Platón', y recreó para ello un mundo submarino. Pero no sólo se labró una reputación por sus espectaculares puestas en escena, también por sus colecciones, en las que predominaba el contraste entre clasicismo y modernidad, poniendo de manifiesto así la combinación única de su saber. Acabó ganándose el epíteto de enfant terrible, con cortes muy depurados, realizados con el máximo respeto por la tradición artesanal, frente a diseños rompedores, atrevidos y polémicos.

Pelo al cero

Su aspecto, con el corte de pelo al cero y su preferencia por botas de estilo militar le hizo ganarse también otro apodo, el de 'el hooligan inglés'. Así fue como le dio a conocer la prensa francesa en 1996, que recibió indignada su nombramiento como diseñador de la casa Givenchy, remplazando a John Galliano. Pocos días antes, en octubre de aquel año, había obtenido el primero de sus cuatro premios al mejor diseñador del año. En el 2003 el reconocimiento le llegó de la realeza británica, con el título de Comandante de la Orden del Imperio británico, que recibió de manos de la reina Isabel II en el palacio de Buckingham.

Tras después de conocerse su muerte su familia emitió un comunicado en el que explicaba que estaba «devastada y en estado de shock», se sucedieron entonces los tributos de sus admiradores y las reacciones de condolencia por parte de otras figuras de la moda británica, como la diseñadora Vivienne Westwood, quien dijo estar «increíblemente apenada». El ministro de Cultura, Ben Bradshaw, quiso recordar su «excelente» contribución y su talento y creatividad extraordinarias.