Más de la tercera parte del cuerpo electoral cambia de opción política Desde las decisivas generales de 1996, todos los partidos gallegos vienen registrando un alto y peligroso grado de volatilidad. Ninguno dispone de un electorado plenamente estable, incondicional. Como en la vida postmoderna, se da un creciente grado de infidelidad y de adhesión condicionada: para esta elección sí, para esta no, para la otra prefiero a la competencia; voto en blanco, o simplemente no voto. El centroderecha es incluso ligeramente más volátil que el agregado de la izquierda. Entre los que más lo han votado y los que menos, hay una diferencia del 29,4%. Para la izquierda es del 28,2%.