La víctima de un sonado cautiverio en Ribadumia sufrió en el juicio un sorprendente lapsus de memoria Cobró siete mil euros de sus supuestos secuestradores. Aprovechó la estancia en prisión de los presuntos delincuentes para vender un piso propiedad de uno de ellos. Y ayer, dieciséis meses después del sonado suceso, ya no recordó ningún detalle escabroso o comprometedor del caso. De su cautiverio huyó cuando se lo propuso. De la cadena, no sabe si realmente limitaba sus movimientos. De las torturas, «no me acuerdo». De Lafuente, el aparente cabecilla, dijo que era un padre para él.