Tristán encarriló la eliminatoria a los cinco minutos con un golazo de espuela Diego escondió el balón como un mago su conejo blanco, pero lo que sacó del sombrero fue la espuela que hundió como un cuchillo en el costado del meta Caballero, hasta el fondo de la red.
Precioso, pero esencial en la jugada el dardo envenenado de Scaloni y su acometida de casta, muy profunda, que vale al menos medio gol. Con él, la final de Copa dice «ven» al Dépor, que parece haber salido en Figueras de las tinieblas de su fútbol y ha metido en el Bernabéu algo más que medio cuerpo.