Cristina Rodríguez Susavila, colaboradora de la agrupación de disminuidos Ambar de Ribeira A sus 21 años, Cristina Rodríguez Susavila, ya tiene una amplia experiencia como voluntaria, siempre al lado de personas con discapacidades. Fue, quizás, el roce con un primo suyo que padece síndrome de Down lo que le dio el empuje para ayudar a jóvenes disminuidos. En la actualidad, se pasa las mañanas rodeada de un revoltoso grupo de chiquillos que reciben formación en el centro Manuel Parada, de Ambar. Sobre todo, «me aportan alegría», dice esta joven, a la que, en el futuro, le gustaría encontrar un trabajo en este campo. Eso sí, sin dejar su labor de voluntaria.
M. J. M.