El público asistente a la final de Copa combatió el nerviosismo causado por la incertidumbre del marcador de las más variadas maneras Fue un partido de nervios y, como tal, se fumó. Pero mucho, mucho. Primero por placer algunos aficionados encendieron el tracional cigarro puro. Ésos que desde tiempos inmemoriales se disfrutan en los campos de fútbol de equipos pequeños, que siempre huelen a carajillo y a habano. Pero, principalmente se ingería dosis de nicotina para paliar las subidas de adrenalina y del ritmo cardiaco que se daba en los seguidores, sobre cuando el resultado era incierto. Y fumó, sobre todo, José Luis Vara, técnico del Bergantiños, que encendía un pitillo trás otro y no se sabía si era una chimenea andante, un tren o la central de Meirama.
RIVERA DE CASTRO