Tres campos de regatas y más de un centenar de barcos han desplegado sus velas en una bahía con un viento suave que ha puesto en jaque a la flota hasta el final
Manuel, de 84 años y con EPOC, durmió incorporado, con los inhaladores de rescate a mano y su hija velando por si había que salir pitando desde Oza-Cesuras al Chuac