Los dueños tratan de arrendarla por su cuenta y acuden a las inmobiliarias como último recurso El sitio se paga. Al turista que quiera arrendar una vivienda para pasar sus vacaciones en la comarca de Barbanza, no le importa tanto su estado como que esté en primera línea de playa o, al menos, pueda llegar hasta ella sin tener que calzarse. Por una casa vieja de cuatro dormitorios, cocina y baño se pueden llegar a pedir más de 800 euros al mes (135.000 pesetas). Si es a estrenar, alcanza los 1.200. Pero el precio no importa. En este negocio hay más demanda que oferta, y el arrendador nunca tiene problemas en hallar cliente. El boca a boca y los anuncios en las tiendas es el medio más usual para encontrarlo.
ABDÓN DORCA