«Cuando no íbamos a Coruña o a Carril, estábamos en el río»

Ana Rodríguez REDACCIÓN/LA VOZ.

SOCIEDAD

Uno de los grandes representantes de la canción gallega de los setenta recuerda sus veranos a orillas y a remojo del río Sarela

29 jul 2010 . Actualizado a las 02:46 h.

Todo el día en la calle. En el río. «En el Sarela, en el río Espiño. Entrábamos y salíamos del agua hasta que el calzoncillo (porque los niños de aquella época no teníamos bañadores) estaba amarillo de tanto barro que removíamos».

La explicación de Bibiano, hoy promotor musical y antaño uno de los máximos representantes de la canción gallega, no puede ser más gráfica. «Es que, cuando no íbamos a Coruña con la tía Tránsito o a Carril con la tía Fernanda, estábamos en el río y no hacíamos más que jugar», insiste. ¿Los juegos más típicos? «Pues en Santiago era todo muy casero. Las patatas que robábamos en cualquier huerta las asábamos con un cañoto, y con los cañotos de los repollos jugábamos al hockey. También asábamos espigas. Y en algún momento jugábamos también a los médicos». Se refiere Bibiano a una época en la que él tenía entre 5 y 10 años ?«pero nada que ver con los niños de ahora, nosotros a los 18 éramos ya hombres autónomos e independientes»? y que recuerda como «fantástica». Y va más allá: «Si me dedico ahora al ocio es porque he disfrutado del tiempo libre como nadie».

Y eso, según el cantautor afincado ahora en Vigo, tiene más mérito si se tiene en cuenta «los tiempos de los que hablamos»: «Porque yo ahora veo a mi chaval, que se va a la playa en coche, que come por ahí de restaurante con los amigos y me acuerdo de aquellos tiempos en los que, por supuesto, íbamos andando a todas partes». Y continúa: «Salíamos de casa de mañana y no nos llevábamos bocadillo para la merienda. ¡Y ay del que lo tuviera! Porque sufría un incomodísimo acoso visual por parte de todos nosotros. No pasábamos hambre, pero comíamos trozos de pan con naranja que hacían una reacción química que te destrozaba el estómago». De la escasez de agua también se acuerda: «Pero como algo divertido, porque mi hermano Tino y yo íbamos a coger agua a la fuente de la fundición y subíamos cantando la cuesta del Gallo».