A Teresa Vázquez le diagnosticaron un cáncer de estómago y le dieron un año de vida. «Han pasado ya ocho meses y, tras la rabia inicial, lo voy aceptando mejor», dice
14 may 2010 . Actualizado a las 11:24 h.«Me dieron un año de vida. ''Es la estadística'', me dijeron. Han pasado ya ocho meses. Solo quiero vivir unos años más», suplica Teresa Vázquez Suárez, que padece un cáncer de estómago en fase muy avanzada.
Teresa Vázquez, viguesa de 65 años, es una de las casi trescientas personas que reciben terapia psicológica para enfrentarse a la enfermedad y a la muerte. Sabe que está en el tiempo de descuento desde que el 14 de agosto entró en el Hospital Xeral con un neceser en la mano y la creencia de que tendría que quedarse ingresada. Ahora confía en que la prórroga se alargue y pueda seguir marcándole goles a su enfermedad.
Los síntomas comenzaron en el 2007, pero su médica de cabecera los atribuía a una dispepsia funcional. Hace un año la situación se agravó: «Sufría tales ardores que parecía que tenían que acudir los bomberos. Dormía sentada porque no me podía tumbar».
Le realizaron una resonancia magnética y en ella apareció una sombra en el estómago. Así que le dieron cita para septiembre del 2009 para practicarle una endoscopia.
Perdió 18 kilos
Pero en agosto pasado se hallaba físicamente muy mal. Su médica de cabecera estaba de baja y el sustituto no le solucionaban su problema. Había adelgazado 18 kilos desde mayo a agosto como resultado de las continuas diarreas y vómitos. «Yo veía que me marchaba... pero no me hacían caso». Acudió a su antigua facultativa, la que la había tratado durante catorce años antes del cambio por cupos. «Me examinó y me dijo: ''Coge tus cosas y vete al hospital''».
Llegó al Xeral a las seis de la tarde del 14 de agosto y la sometieron a numerosas pruebas. «Cuando llegué al hospital tenía la piel pegada a los huesos. Una internista me examinó a fondo pasadas las doce de la noche». Las pruebas confirmaron lo peor. El doctor Ángel López Saco, un cirujano del Hospital Xeral, «me cogió de la mano y me dijo: Tenemos que operarla. Tiene una úlcera que ha degenerado. Lo bueno es que el tumor está muy localizado y que usted es fuerte. Luego tendremos que ponerle sesiones de quimioterapia».
El cáncer estaba muy escondido en uno de los pliegues del estómago y aparecían metástasis. Le quitaron once ganglios, pero no le pudieron eliminar un microimplante. «Lo bueno empezó el 14 de agosto pasado. Lo terrible fueron los meses anteriores», cuenta Teresa Vázquez, que está muy agradecida a la inmensa humanidad del cirujano que la atendió.
Aunque la primera reacción al saber que padecía un tumor no fue de sorpresa, «porque ya lo sospechaba», su estado de ánimo se dejó llevar por la rabia por «el pasotismo y la negligencia de los médicos de atención primaria» que la habían visto. «Sientes dolor interior y mucho miedo, pero ahora lo voy llevando mejor y físicamente me encuentro bien», afirma.
«Me cambió el chip»
Begoña Amaro, la psicóloga que dirige el equipo que desarrolla el programa de atención integral para pacientes de cáncer del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo, brindó desde el primer momento todo su esfuerzo y dedicación a Teresa Vázquez.
Al principio Teresa no quería ni hablar con ella. «No la escuchaba; lo que me decía me entraba por un oído y me salía por otro». Pero a Begoña Amaro le gustan los retos y, tras meses de dedicación, Teresa Vázquez muestra una vitalidad de la que antes carecía. «Begoña me cambió el chip. Ahora hay días en que no pienso en la enfermedad e incluso he vuelto a tomar medio vaso de rioja en las comidas».
Pero Teresa Vázquez es realista: «El optimismo por sí solo no te cura. Creo mucho en Dios, pero no tanto en los milagros».