«La ceniza volcánica es uno de los principales riesgos para la navegación aérea», asegura Álvaro González Gammicchia, jefe de la vocalía técnica y de seguridad en vuelo del sindicato de pilotos Sepla. La ceniza, que es muy abrasiva, se cuela en los motores y puede llegar a pararlos todos de forma simultánea.
-¿La nube volcánica impide la visibilidad?
-Con la visibilidad no hay ningún problema. De hecho cuando volamos de noche no vemos nada fuera.
-Entonces, ¿cuál es el verdadero problema?
-El problema es que las cenizas en suspensión, al entrar por los motores, alteran la dinámica de combustión y pueden llegar a acabar con el motor.
-¿Cómo?
-La ceniza actúa como una lija para el motor. Lija los álabes del compresor, que son como las aletas que vemos girando. Las cenizas, al pasar por ellos, los van lijando, con lo que el flujo de aire ya no funciona y el motor deja de funcionar. La temperatura de gases del motor también se calienta muchísimo. Provoca un apagado de llama, que es como si al motor de un coche le pusieras agua.
-Pero un avión tiene varios motores. ¿Si se estropea uno no seguiría funcionando con los de repuesto?
-La ceniza volcánica afecta a todos los motores por igual, con lo cual un avión cuatrimotor también se puede quedar sin ellos.
-Se trata, entonces, de una situación de riesgo excepcional.
-Las situaciones en las que pueden fallar todos los motores al mismo tiempo son muy infrecuentes, y esta es una de ellas. Las cenizas volcánicas son uno de los principales riesgos para la navegación aérea.
-¿Cuánto puede durar la actual situación?
-Un par de días, pero luego habrá que tener en cuenta los efectos posteriores.
-¿Cuáles?
-Cuando caiga la nube de ceniza a tierra habrá que tener cuidado de que no caiga en las pistas, porque en los despegues el motor también las puede absorber.
-¿Qué pasará mañana?
-Esto acaba de empezar. Mañana [por hoy] es un día de mucho tráfico y va a haber mucha gente afectada.