Fecha de caducidad

Beatriz Manjón

SOCIEDAD

02 ene 2010 . Actualizado a las 22:48 h.

Siempre he sido muy consciente de que todo, lo bueno y lo malo, se acaba, de que, como escribió Rosalía, «hoy, mañana, antes y ahora, lo mismo siempre, hombres y frutos, plantas y flores, vienen y vanse, nacen y mueren». Pero no he podido evitar que a lo largo de mi vida me haya torturado desconocer cuándo. Quizás por eso, busco afanosamente la fecha de caducidad en todo aquello que pasa por mis manos. La última vez fue hace unos días en un vuelo de Jerez a Madrid. Pedí un refresco e, instintivamente, mis dedos le dieron la vuelta al envase para leer la fecha límite recomendada para su consumo. Sorprendida, comprobé que había caducado hacía ya unos cuantos meses, así que avisé a un azafato, quien, sin haber leído siquiera el explícito «consumir preferentemente antes de la fecha indicada en la base de la lata», me replicó que la data era de envasado. Por no iniciar una discusión, le pedí que me trajera una bebida que no estuviera pasada. Imagínense mi indignación cuando el tripulante me dijo que todas las latas tenían la misma fecha y que era impensable que la compañía pretendiera vender bebidas caducadas por doquier. ¿La misma compañía que se plantea que sus pasajeros vuelen de pie para poder vender más billetes? Si están dispuestos a escatimar en seguridad, ¿por qué no iban a cicatear en salud? Probablemente aquella bebida no me hubiera sentado mal ?o tal vez sí? pero lo mínimo era pedir disculpas y aparentar propósito de enmienda. ¿O es que por volar en compañías de bajo coste uno tiene que sufrir, en silencio, todo tipo de ninguneos?

Claro que no siempre un asiento preferente asegura la tranquilidad. A la millonaria Ivana Trump, que ahora es un poquito más rica gracias a un programa de corazón de Antena 3, la han tenido que sacar a la fuerza de un avión por ponerse como una energúmena al escuchar el llanto y los gritos de unos niños. Lo entiendo. ¿Cómo no iban a gritar esas criaturas al ver aquellos labios descomunales abriéndose y cerrándose, como si de una planta carnívora se tratara, y profiriendo todo tipo de insultos? ¿Cómo no iban a echar a correr, despavoridos? ¿Es que no sabe esta señora que las fieras de más de cinco kilos no pueden ir en la cabina?