El horror, en el patio trasero de casa

Victoria Toro

SOCIEDAD

Phillip Garrido y su esposa secuestraron y mantuvieron a la joven Jaycee oculta durante 18 años en una casucha bajo lonas donde tuvo dos hijas fruto de los abusos

29 ago 2009 . Actualizado a las 14:17 h.

Unas tiendas de campaña y unas casetas tapadas con una lona impermeable en «el patio trasero del patio trasero»; así describían las autoridades californianas el lugar donde Jaycee Lee Dugard ha vivido los últimos dieciocho años. Tenían luz eléctrica porque había una extensión desde los cables de la casa del secuestrador y unas destartaladas letrina y ducha, «como si fuera un cámping», según la policía del condado de El Dorado, en South Lake Tahoe, al noroeste de California (EE.?UU.). Además, una de las casetas estaba aislada para que los ruidos de su interior no se oyesen desde el exterior y solo se podía abrir desde fuera.

Los crudos detalles de los años que la joven ha pasado retenida van saliendo poco a poco a la luz. Hace dieciocho años, cuando era una niña de 11, Jaycee Lee fue introducida a la fuerza en un coche cerca del lago Tahoe, al lado de la parada del autobús escolar donde esperaba para ir al colegio como todos los días. Ahora, Jaycee Lee tiene 29 años y dos hijas, aparentemente fruto de las violaciones a las que fue sometida por su torturador, Phillip Garrido.

Las tres están bien de salud, según informó Fred Kollar, alguacil del condado de El Dorado, pero también añadió, que a pesar de ello, «vivir dieciocho años aislada en el patio trasero tiene su precio».

La madre de Jaycee, Terry, se reunió con su hija y sus nietas el jueves. Según el padrastro de la joven, Carl Probyn, Terry afirmó que la encontró muy joven, casi como cuando fue secuestrada hace 18 años. «Me dijo ?-explicó Probyn- que Jaycee se siente muy culpable por su relación con ese tipo».

Ese tipo es Phillip Garrido, delincuente sexual, fichado y en libertad condicional desde los años setenta. El viernes, Garrido fue interrogado por la policía y trasladado a la cárcel y se espera que sea acusado de varios cargos, entre ellos los de violación y secuestro. Su mujer, Nancy Garrido, también sigue detenida y todo indica que las acusaciones serán también las de secuestro y complicidad en el resto de los delitos atribuidos a su esposo. Y es que las autoridades han revelado que Nancy estaba junto a su marido cuando este, supuestamente, raptó a Jaycee en la parada del autobús junto a su casa, a unos 300 kilómetros de la vivienda donde la han mantenido encerrada hasta ahora.

Ayer, Carl Probyn, padrastro de Jaycee, contaba a los periodistas cómo le había dado la noticia por teléfono su ex mujer, la madre de Terry, de la que se separó hace años: «Me llamó y me preguntó si estaba sentado, entonces me dijo que Jaycee había aparecido. A los pocos segundos añadió: viva. Lloramos los dos durante más de diez minutos».

Lo que todo el mundo se pregunta ahora es cómo pudo Garrido mantener oculta a Jaycee y sus dos hijas durante dieciocho años. Cómo los vecinos no se dieron cuenta de algo y, sobre todo, cómo su agente de la libertad condicional que lo visitaba en casa periódicamente nunca descubrió el horror que se ocultaba en el patio trasero.

A este última interrogante, las autoridades del condado han respondido que las casetas que servían de albergue a la joven y sus hijas estaban bien escondidas tras los árboles y la lona.

Las niñas

Los vecinos sí sabían que las niñas existían. Tim Allen, clientes de la imprenta de Garrido, ha contado que varias veces este fue a entregarle trabajos de impresión acompañado de «dos preciosas niñas rubias» que se quedaban en la camioneta esperándolo. Y una de sus vecinas, Diane Doty, ha contado que veía a las niñas jugar en el patio, en el que también observaba las tiendas de campaña. Doty ha afirmado que incluso sospechaba que las niñas vivían en ellas, «le dije a mi marido: ¿por qué vivirán en tiendas de campaña? Y él me contesto que probablemente les gustaba vivir así».

Y fue precisamente la presencia de las dos niñas la que al final ha ayudado a desvelar toda la historia. El martes pasado, Garrido estaba en el campus de la Universidad de Berkeley repartiendo propaganda religiosa con ellas. Un policía se le acercó, lo identificó y buscó su nombre en los archivos policiales. Allí aparecía como delincuente sexual en libertad condicional. Una de las condiciones de su libertad es que no podía tener trato con niños. El policía le pidió que fuera al día siguiente a la comisaría.

El miércoles se presentaron en la comisaría Phillip y Nancy Garrido acompañados por una joven a la que llamaban Alissa y dos niñas. Phillip contó entonces que Alissa era en realidad Jaycee Lee. Y que las dos niñas eran sus hijas. Según los datos que han aportado las autoridades del condado de El Dorado, Jaycee Lee mantiene la tutela de sus dos hijas y se reunió el martes con su madre, su hermana y una de sus tías.

Fanático religioso

Phillip Garrido ha sido definido como un fanático religioso que pretendía dejar su trabajo como impresor para dedicarse en exclusiva a predicar.

En una conversación telefónica que mantuvo el viernes con una cadena local de televisión, Garrido aseguró que oía la voz de Dios y que había entregado unos documentos al FBI que iban a cambiar la opinión de todos. También dijo que lo que había ocurrido en su casa «fue asqueroso desde el principio hasta el fin», pero, según él, el nacimiento de su primera hija con Jaycee hace quince años cambió por completo su vida. Su hermano, Ron Garrido, declaraba ayer que todo le parecía estrambótico pero que «sí me lo puedo creer».

Sobre el futuro de Jaycee Lee su padrastro decía ayer a la prensa: «Espero que a partir de ahora tenga una vida decente. La vida que se detuvo cuando tenía 11 años».