«Quien tenga inquietud por colaborar, que no lo dude y se lance, que no se va a arrepentir»
SOCIEDAD
La actividad de ISF sobre el terreno podría quedar huérfano en cuanto se marche esta oenegé. Por eso se trabaja «con autoridades y comunidades locales para que ellos continúen con el mantenimiento de estos sistemas y sean sostenibles a largo plazo», agrega Raquel. «Y tienes que saber adaptarte al país; si quieres imponer tus costumbres o tu ritmo europeo, la cosa no funciona», recalca.
Por esto último, buena parte de su tarea diaria no se desarrolla sobre la tierra seca tanzana, sino sobre la mesa, en una oficina, coordinando recursos humanos y financieros. «Aunque lo que más me gusta -enfatiza- es el contacto directo con el personal local, lo que ellos pueden aprender de mí y lo que yo de ellos, y a la vez tengo el privilegio de trabajar y conocer una cultura diferente». Al menos, la conoce en compañía: «Mi marido se ha venido conmigo a Tanzania y trabaja desde aquí, y aunque mi familia en Galicia a veces entiende mis decisiones y otras no, siempre me apoyan y me ayudan a hacer lo que decido».
«La verdad -admite- es que lo único que echo de menos al trabajar en África es no ver a mi familia, creo que es el gran sacrificio de esta profesión». Aunque eso, razona, no debería frenar a quien quiera realmente aportar ese grano de arena: «Los que tengan esa inquietud por colaborar, sea en España o en el extranjero, que no lo duden, que se lancen, no se van a arrepentir».