El cardiólogo Antonio Guijarro, jefe clínico del hospital universitario San Cecilio de Granada, escribió en el año 2001 un libro titulado El síndrome de la abuela esclava (Grupo Editorial Universitario) en el que daba pistas sobre un conjunto de dolencias que presentan las mujeres de mediana edad exigidas (y autoexigidas) por sus familias.
Para Guijarro, forman este grupo las abuelas que madrugan para ir a casa de sus nietos a levantarlos y llevarlos al colegio; hacen la compra y van a su casa a preparar la comida para los niños, el marido y uno (o más) hijos que acuden a comer. Por la tarde, toca paseo por el parque con los pequeños y tal vez hacer de canguro para que los padres de la criatura salgan a cenar. Los fines de semana tienen a hijos y nietos en su casa.
Es el siguiente paso de una sociedad que usa a la familia como auténtico colchón, económico y organizativo, mientras se «sitúa».