El rock del Mardigras y el pop del 14! marcan el ritmo en el emergente barrio de Monte Alto

Rubén Ventureira

SOCIEDAD

21 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

No es cierto, como ha denunciado cierto grupo indie gallego en alza, que en los garitos de A Coruña traten a gorrazos a los seguidores de la Velvet Underground. O, cuando menos, no es del todo exacto. A saber en qué bares bisbalistas se habrán metido. Fijo que no en el 14! (c/San Vicente de Paul). Digno heredero de los locales que marcaron el ritmo pop-rock en los años ochenta (como el Opera Prima, donde recibía un gran cartel del The queen is dead de The Smiths, El Cairo o las discotecas Pirámide, Punto 3 o Pachá), el 14! se ha hecho un nombre en un año y pico, pues aún celebró el pasado 14 de diciembre su primer aniversario. Propiedad de Rubem, que mantiene pujante el Patachim en la calle Orillamar, cuenta con Juanjo Casteleiro a los platos. Bailar o escuchar a Señor Chinarro o Antònia Font a las tres de la madrugada es un lujo auditivo, un pleno al 15 de felicidad.

El éxito del 14! hay que ligarlo al de los locales de la zona de Monte Alto. El Orzán, tradicional zona de copas, se expandió primero por la plaza de España y después de ahí hacia arriba, camino de la torre de Hércules. El Mardigras (travesía de la Torre) contribuyó a hacer zona. Parecía un doble salto mortal la idea de Yolanda y Ton, sus dueños, de abrir un garito rockero fuera de circuito y con una ración de conciertos semanal. Pero la propuesta triunfó, y hasta el punto de que ya hay guías turísticas en las que se recomienda la visita al Mardi y se habla del local como un clásico, aunque solo tiene ocho años.

Llegó después el bar de Juan (en la cercana calle Independencia): pocas veces se ha concentrado tanta diversión en tan pocos metros cuadrados. Y, después, muchos más. La zona continúa creciendo con apuestas coquetas como la de La salita de juegos (calle Independencia) o con la desenfadada propuesta del Puticlú (calle Justicia), otro acierto de Juan y su gente, un local en el que, en el acceso a sus tres servicios, un cartel invita a relajarse sin pudores. Como decía aquella pintada del bar de Juan, «High Mountain to sky».