«Ya no puedo llevar a los niños a la compra»

La Voz

SANTIAGO

defiende el papel de los emigrantes como su marido, cada vez más explotados por los intermediarios

10 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

EMIGRACIÓN. Abandonar la tierra y a la familia no es una opción de vida para Elisabete

Es la cara de una doble realidad de Portugal: la del paro y la emigración. Hace dos años que perdió su empleo en el textil y su marido trabaja como encofrador en Francia. «Ganó mucho dinero en Barcelona, pero eso se acabó, porque España también está mal».

Y, según relata, la emigración tampoco es lo que era. «Antes, el contrato incluía un viaje por semana a Portugal para ver a la familia, ahora se lo tiene que pagar él y solo puede venir una vez al mes. Antes le ponían casa, ahora le sacan el alquiler del sueldo», va enumerando para acabar de señalar a los intermediarios y patrones de brigadas de portugueses en el extranjero como explotadores que se quedan con una parte importante de los salarios de sus obreros.

A pesar de ello apenas borra la sonrisa de su cara, lo que no le impide manifestar su creencia de que el país irá a peor. La salvación es la economía sumergida, reconoce. Planchar un poco allí, matar unos pollos allá... «¿Y cómo no va a ser así?, si mi sueldo desde los doce años no ha superado los 400 euros».

Ahora está acabando de formarse como cuidadora de ancianos porque se le acaba el subsidio de desempleo y porque quiere y necesita trabajar. Pero las ofertas recibidas por el momento le imposibilitan por el horario atender a sus hijos pequeños. «Además, como mucho me ofrecían cinco euros más que en el paro y a eso hay que sumarle desplazamientos, por lo que hasta ahora haciendo trabajitos por fuera ganaba más», cuenta para evidenciar los contrasentidos del mercado laboral luso. «Mientras no sale nada, hay que echar muchas cuentas, comprar solo lo imprescindible y por eso ya no puedo llevar a los niños a la compra, ellos comen con los ojos».