Es compostelano, fue jugador del Obradoiro hace dos largas décadas y ha trabajado en otras ciudades y otros clubes. Sumando todas las atalayas, le cuesta encontrar una teoría aplicable al comportamiento de la afición santiaguesa, en número y en ánimo.
-«No tengo una explicación. Está claro que para nosotros es muy motivante ver esta respuesta. Creo que que Santiago siempre ha sido una ciudad de baloncesto. Tengo esa sensación. Recuerdo mi primer Lorenzo Latorre, uno que jugué en A Quintana, una liga santiaguesa cadete de catorce equipos.... Había un volumen de participación de todos los colegios, la rivalidad de La Salle, Peleteiro, Obradoiro, Inmaculada, López Ferreiro... Ese es un germen que siempre ha estado ahí. Santiago siempre ha sido una ciudad de baloncesto, en masculino y femenino. Veo muchas caras conocidas, familias con gente que o ha jugado o ha tenido relación con el baloncesto. Y también hay muchos nostálgicos de la primera etapa. Es, sobre todo, para sentirse agradecido y tratar de responder al apoyo de esta gente».