La Xunta de Galicia cita por segunda vez, meses después de la primera, a una persona fallecida para la valoración de su grado de discapacidad
11 mar 2010 . Actualizado a las 11:28 h.M.B.G. no acudirá de nuevo a su cita en Santiago, pese a ser reavisado. Los lectores se acordarán de que hace unos meses se le notificó que tenía que acudir a la Xunta para ser evaluado por la Sección de Cualificación e Valoración de Discapacidades, a fin de verificar, tras las oportunas pruebas, su situación de invalidez. En esta ocasión la cita era más tempranera, no a las 12.00, como en la anterior, sino a las 9.00 horas.
M.B. lleva en torno a un año fallecido y descansa en un cementerio de Rois. En junio, pocos meses después de irse definitivamente, recibió una notificación para presentarse en Área Central (Fontiñas), donde se ubica la sección de Valoración de Discapacidades.
Su familia no disimuló su disgusto, porque cree que la Xunta debe controlar estas situaciones, sobre todo si se trata de una persona mayor con una enfermedad degenerativa. Y sobre todo, cuando había una resolución de dependencia de la que la familia no llegó a beneficiarse debido a que llegó antes el óbito del enfermo. En estos casos no cabe el «otra vez será» de turno, ya que los desenlaces fatales tienen ese problema. Pero sí cabe el «otra vez será» en las notificaciones administrativas. La familia acaba de recibir otro escrito con fecha 17 de marzo para que el enfermo difunto se presente en Fontiñas.
¿Qué dice la Consellería de Traballo? «No hay un sistema automático que alerte de las personas que han fallecido, ni en nuestro caso ni en otros, como la baja de un coche», señalan representantes de dicha consellería. Refieren que, en el plano de la Administración, eso no ocurre en un solo departamento, sino en todos.
«Lo normal es que la familia que ha recibido la notificación nos comunique la defunción de la persona», agrega la Xunta. Lo cierto es que no hubo una comunicación al organismo administrativo encargado de la evaluación de los casos. Pero sí una crónica informativa que advertía de la prudencia de la Administración en estos lances, puesto que muchas de las personas mayores en situaciones irreversibles como la de M.B. tiene su final a las puertas. Y, además, avisaba de que M.B.G. había sido notificado.
Es decir, aunque con siglas, por el orden alfabético era fácil detectar el caso en ese departamento y corregirlo para que no se volviese a repetir el presente relato. En todo caso, y a fin de evitar una tercera convocatoria si la Xunta no recibe un certificado de defunción, este redactor le facilitó ayer el nombre completo del finado a la consellería.
El segundo motivo de prudencia en el caso de invalidez es que se obliga a no pocas personas, muchas de ellas mayores y con inmovilidad total como M.B. (que estaba en silla de ruedas), a comparecer en la segunda planta de un edificio como el de Área Central. Eso angustia a las familias que no quieren incumplir la citación. «¿Como imos andar sitio por sitio e departamento a departamento comunicando que meu pai morreu?», arguye una hija del fallecido, quien no comprende cómo la administración no cruza los datos con el registro para saber si una persona continúa o no en este barrio. ¿Qué parte tiene la razón?