Con la declaración de Indicativo Xeográfico Protexido se abre el camino para que el postre gallego adquiera prestigio y se eviten las imitaciones que dañan su imagen
19 feb 2010 . Actualizado a las 11:07 h.La reciente aprobación de la declaración de Indicativo Xeográfico Protexido para uno de los postres más típicos de Galicia, la Tarta de Santiago, es consecuencia del trabajo realizado por la Asociación Galega de Repostería durante varios años. La noticia ha supuesto «un reconocimiento a todo el trabajo y el esfuerzo hecho durante seis o siete años», comentó Orlando Vázquez, secretario del Consello Regulador da Tarta de Santiago. Manuel Iglesias García, presidente del consello, aseguró que el distintivo es una «satisfacción para nosotros, pero, sobre todo, es una garantía para el cliente. Es la seguridad de la calidad de lo que se pone en venta». Iglesias indicó que, bajo el nombre de tarta de Santiago, se vende «cualquier cosa, bastaba con ponerle la cruz encima y ya era tarta de Santiago, por la imagen ya es conocida entre la gente». Ahora será el consello el encargado de vigilar la calidad de las tartas que se comercialicen con este nombre. A partir del reconocimiento, los fabricantes tendrán que respetar los porcentajes de almendra fijados en la normativa, pero «sobre todo, ya no se podrán emplear harinas ni fécula ni otros productos, que nada tienen que ver con la tarta auténtica». Iglesias reconoció que, al no estar regulado, el nombre podía ser empleado sin ningún tipo de escrúpulo y, por tanto, se comercializaban postres que nada tenían que ver con la auténtica receta. Unas tartas que, según comentó, podía ser «buenas, más o menos buenas o malas, pero lo que estaba claro es que de Santiago no eran». El presidente del consello considera que los productores pequeños, «los reposteros que hacen tartas de Santiago en pueblos pequeños, en zonas pequeñas, las hacen bien. No les vale la pena hacer una mala imitación, porque el cliente sencillamente no vuelve. El problema está en el que produce para vender a turistas». Manuel Iglesias cree que el trabajo de control debe centrarse en los que venden a gran escala y que pueden dañar la imagen del producto fuera de Galicia. «Las grandes cadenas pueden favorecernos, porque si ellas exigen la calidad del sello de la Tarta de Santiago, tendremos parte del camino hacia el reconocimiento de la calidad hecho», explicó Iglesias. El presidente del consello cree que el camino es el anunciado por Repsol, que pondrá un expositor en sus estaciones de servicio y «cuando hizo el pedido de tartas de Santiago dijo que tenían que ser con el sello». «El cliente también tiene un papel importante: tiene que estar atento y no dejarse engañar», apuntó Iglesias García. «La diferencia es evidente».