La leyenda que forjó el Caballo Blanco del Desierto en 40 años

La Voz

SANTIAGO

15 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

José Luis Bastos forjó una auténtica leyenda africana en torno a su persona en los más de 40 años que lleva residiendo en Namibia. Nacido en el barrio vigués de Bouzas, después de ejercer como mancebo en una farmacia de su ciudad emigró a Londres y a Escocia, donde fue guardaespaldas; de allí a Suiza, donde estudió hostelería; y a Las Palmas, para dirigir un hotel. Un infortunio familiar, la muerte de un hermano en accidente de tráfico, le llevó a Namibia para hacerse cargo de los negocios de este.

El país era un reino de oportunidades. Bastos se enamoró de esta tierra y decidió quedarse a vivir en ella. Realizó inversiones en distintos sectores, aunque sus intereses se centraron en la industria pesquera y en la caza. Hombre muy respetado, afable y buen conversador, tiene excelentes relaciones tanto en Namibia como en España. Formó parte del círculo de amigos íntimos de Sam Nujoma, el primer presidente que eligieron los namibios en 1989 tras liberarse del dominio sudafricano, e incluso se cuenta que los indígenas Namas le dieron el título de Caballo Blanco del Desierto, lo que le confiere el rango de guardián de las tumbas de sus antepasados. Entre sus múltiples actividades, Bastos cuenta también acciones solidarias a través de su fundación, como un orfanato y un hospital para personas sin recursos. En el 2001 recibió la Encomienda de Isabel la Católica, otorgada por el rey Juan Carlos.