Poco a poco, más pico en la Alameda

Víctor Cacho

SANTIAGO

El Concello tomará medidas para disminuir el número de gallináceas que, tras dos nuevas camadas, han duplicado su presencia en el parque compostelano

06 oct 2009 . Actualizado a las 11:14 h.

Empapadas de alegría por el nacimiento de una prole de 15 polluelos, las gallinas de la Alameda quedaron ayer molladas coma un pito. Nacieron al mismo tiempo en dos camadas y han duplicado el número de gallináceas. Este incremento desmesurado representa ahora un problema para el Concello: «Un número pequeno de galiñas si nos parece ben que estean -comenta la concejala de Medio Ambiente, Elvira Cienfuegos-, pero non máis porque senón si que temos un problema».

Lo cierto es que desde este fin de semana, los patos, cisnes y ocas que merodean en este hábitat central santiagués comparten su espacio con los hijos de las unas inquilinas que ya cumplen un año de presencia en esta salvaje comunidad de vecinos. Pero, al menos hasta ahora, no ha habido ningún problema entre ellos: «Lévanse ben coas outras aves», asegura Cienfuegos.

La edila explica que se ha estado constantemente vigilando y controlando «que a poboación non aumentase moito, retirando ovos» para que no los criaran. «En canto un se descuida xa encontra as novas niñadas», indica. Por ello, el gobierno local tomará medidas pronto para que esta situación no se convierta en un problema más serio: «Hai xente que si os quere levar para os seus corrais -señala la concejala- , polo que haberá que empezar a colocar a algún deles». De lo contrario, con los que sobrevivan de las camadas, se alcanzará una cifra en torno a los 25 ejemplares, y esa cantidad empieza ya a ser grande.

Pero, ¿qué fue antes: el huevo o la gallina? Pues, en este caso, ni lo uno ni lo otro. La génesis gallinácea y la creación del actual mundo animal en la ciudad del Apóstol tiene la respuesta en una mano anónima, que introdujo a un gallo y a una gallina en la capital de los parques gallegos. Un paraíso verde presidido por un enorme y majestuoso estanque. La envidia de muchos compañeros que suspiran por la libertad detrás de los barrotes de cualquier zoológico.

Hoy, el agua de este manantial de vida refleja 15 nuevas criaturas. Por ahora, la mayor parte del tiempo lo dedican a dormir, bajo la atenta mirada de unos doce adultos, de los que la gran mayoría son kikos, una especie más vistosa que la habitual de los corrales. Luego, si al igual que sus familias resisten al duro invierno, ya tendrán tiempo a darle al pico y comer todo y cuanto lancen los pequeños desde la barandilla. Porque, como dice Cienfuegos, si el conjunto de palmípedos ya constituía un punto de atracción para los compostelanos, «sobre todo para os nenos», el nacimiento de estos pollos incrementará, a su vez, el número de visitantes a esta particular reserva natural ubicada en el corazón de la urbe y, desde siempre, en el de todos los santiagueses.