El Concello llama a la «reflexión»

SANTIAGO

Santiago acoge su mayor botellón ocho meses después de aprobar una normativa muy laxa; «Esto no puede ser», reconocía ayer la concejala Marta Álvarez-Santullano

13 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Las aceras desaparecieron misteriosamente de la zona de la Alameda que da al campus sur y a los botelloneros no les quedó otro remedio que caminar, gritar, bailar, charlar, sentarse, corretear, campanearse, vomitar, cantar, orinar y beber -sobre todo beber- en medio de la calzada. Ayer fue un festivo de ojeras y voces roncas porque la noche anterior fue de ojos pintados y verbos fáciles. Hasta el botellódromo que ha promovido el Concello en la escalinata del campus desbordó sus barreras y se desparramó hasta por la propia carretera.

«Esto no puede ser», reconocía ayer la concejala responsable de la seguridad ciudadana y de la limpieza, Marta Álvarez-Santullano. Pero vaya si pudo. A las dos de la mañana, pasar en coche por la avenida de A Coruña -la frontera entre la Alameda y el campus- era peor que meterse un martes en hora punta en la Galuresa. El espacio para los vehículos era mínimo. Amablemente, unos cuatro jóvenes con vasos en la mano y un caminar un tanto errático ayudaban a los conductores a aparcar. Pero el «¡Dalle que libras!» y el «¡Para, para!», se mezclaban ante el desconcierto del piloto.

Por otros derroteros circulaban unos que hasta se llevaron el carrito de la compra. Beber en la calle, sí; en el primer banco que se encuentre, sí; mezclar el alcohol con los refrescos como se pueda, también; pero todo bien preparadito y con cierta refinación, que esto del botellón también puede tener un toque fino. Es en los detalles donde se nota quién es buen amo de casa.

Esos detalles los notaron al día siguiente los trabajadores de la limpieza. Hicieron un poco de madres: los chavalines venga a beber y ellos venga a limpiar. El botellón sigue siendo un momento de relaciones sociales. Y si no hay educación los efectos colaterales los notan otros. Que son los que madrugan.