El 2008 arranca para el Pontevedra y el Real Zaragoza con una cita de las que están llamadas a marcar un antes y un después en ambas entidades. La Copa del Rey dictaminará si en el mundo del fútbol sigue habiendo hueco para los sueños de los humildes, a pesar de las trabas que la organización del balompié nacional sigue poniendo en el camino de los clubes más modestos.
El Pontevedra intentará hacer bueno el gol de Víctor Ormazábal en el encuentro de ida. Un empate en La Romareda sería más que suficiente para festejar por todo lo alto un hito para el deporte lerezano, que lógicamente llevaría aparejada una auténtica hecatombe en el bando local.
El equipo que resulte vencedor en la eliminatoria de estos dieciseisavos de final, pasará a codearse con los 16 clubes más potentes de España en la ronda de octavos. El momento anímico del cuadro que dirige Javi Gracia es inmejorable. Llega a esta cita con la historia tras dos meses invicto en la competición liguera y también en la copera, después de haber resuelto tres eliminatorias antes de cruzarse con los maños.
Por su parte, el Zaragoza acarrea una auténtica losa estadística a sus espaldas. Son ya ocho los encuentros que de forma consecutiva han sufrido los hombres de Víctor Fernández sin conocer la victoria. De hecho, el último triunfo zaragocista data del pasado 31 de octubre de 2007 (0-1 ante el Almería), momento en el que empezó su caída en picado hasta la actualidad, donde tan solo tres puntos le separan de las plazas del descenso directo.
Víctor se la vuelve a jugar por enésima vez desde que comenzó la temporada. A la vuelta de la esquina, en el calendario liguero aragonés, acecha el Real Madrid, recientemente proclamado campeón de invierno, y eso suele conceder un respiro o una ventaja, por pequeña que sea, al rival de entre semana. Los granates confían en que el león no despierte todavía y que el parón navideño siga haciendo la misma mella en el juego zaragocista que la propia liga antes de cerrar por vacaciones.
La Romareda dictará sentencia pero un solo gol pontevedrés obligaría al Zaragoza a tener que anotar tres tantos para remontar la eliminatoria y el factor anímico se presume definitivo.