La sistemática presencia de perros en el recinto disgusta a los padres
17 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Del Parque Infantil de la calle Concello nada se sabe. Mientras el gobierno local quemó uno de sus últimos cartuchos programando una inversión de 300.000 euros para mejorar el parque de San Lázaro, el espacio situado entre las calles Concello y Progreso se deteriora sin remedio y sin señal alguna de que el panorama vaya a cambiar.
La pasividad de la administración municipal a la hora de actuar contra quienes llevan a este lugar a pasear a sus perros, para que hagan sus necesidades fisiológicas en zonas de hierba o arena que luego pisan o se llevan a la boca los niños que allí acuden, es la queja que con más intensidad transmiten los padres de los pequeños. Desaparecida la muy visible señal exterior que alertaba de la prohibición de introducir perros, queda otra en el interior, «que parecen no ver ni los dueños de los animales, ni tampoco los agentes de la policía local que pasean por la zona», según lamenta un vecino.
No es, de todos modos, la única. El tapiado con planchas metálicas del acceso al balcón sobre Progreso, en la zona intermedia entre el parque propiamente y la citada calle, acabó con el uso nocturno de ese espacio por parte de indigentes, pero no eliminó la presencia de grupos más o menos numerosos de personas de similar perfil, reunidas en torno a un cartón de vino. Va por épocas, subraya otra vecina de la zona, «pero las disputas a gritos, en algún caso peleas, son algo relativamente frecuente en estas pandillas».
En los contenedores
Los contenedores que utilizan los supermercados de la calle Concello han convertido al Parque Infantil, por otra parte, en un peculiar centro de abastecimiento y distribución de restos, particularmente comida, que algunas manos ágiles logran retirar de los recipientes. Con la salvedad de que, muchas veces, los restos quedan esparcidos entre el parque y la vía pública.
En cuanto al estado del recinto propiamente dicho, su abandono es muy evidente, ya no solo por las deposiciones de los perros o los restos de botellas, sino también por las deficiencias del mobiliario. Mientras la práctica totalidad de los parques dedicados a niños tienen pavimentos sintéticos para cuidar la higiene y seguridad de los pequeños, aquí se mantiene un arenero donde la tierra se mezcla con excrementos y restos del botellón.
Mobiliario escaso, juegos para los niños destrozados y no repuestos por los excesos cometidos por otros usuarios no tan chicos, columpios rotos y peligrosos por su mal estado, bancos rotos, el vallado del arenero astillado en algunas zonas con evidente riesgo de accidente para los usuarios, forman un conjunto que es motivo de quejas entre vecinos y usuarios.
Un lugar que debería ser ejemplo de limpieza y seguridad, al ser utilizado por niños, se acerca al vertedero, según dicen los vecinos, por el abandono a que está sometido. Y sin perspectiva de cambio, lamentan.