La instalación es el punto de reunión más habitual para los vecinos y los emigrantes que regresan cada verano
05 ago 2009 . Actualizado a las 10:50 h.Visitar la piscina municipal de Xinzo al filo del mediodía no tiene mucho que ver con hacerlo en horario de tarde. La jornada matinal resulta mucho más relajada y no hay problema para encontrar sitio para las toallas y para nadar sin tropezar con el resto de usuarios. Quizá por ello ese es el horario predilecto de las familias con niños pequeños.
Aunque no es el único motivo de la proliferación de grupos familiares en esta instalación. Su estructura, que integra dentro del dibujo del vaso grande, la piscina infantil y permite no sólo una visión directa sobre ella sino un acceso rápido, también ayuda a animar a los padres a optar por ella, según nos explican Cristina y Ángel, que están enseñando a nadar a sus dos niños pequeños: Amets y Aila. «Se está muy bien, es un sitio amplio y muy tranquilo para venir con los niños», apuntan.
Pero hay una tercera razón que explica el éxito de las piscinas de la capital de A Limia: son el mejor lugar en el que encontrar a los amigos que, por circunstancias de la vida, han tenido que emigrar a otros puntos de la geografía española, o incluso viven el resto del año en el extranjero.
«A verdade é que casi todo o mundo acaba pasando por aquí, e eu hai xente a que non vexo más que de ano en ano, un ou dous días na piscina», señala Sonia. Ella es vecina de Xinzo, pero nos aclara que a estas instalaciones «veñen de moitos pobos da contorna, ou ben porque non teñen piscina ou porque é pequena, ou simplemente por ver á xente», relata.
La piscina está ubicada junto a una cancha deportiva en la que algunos se animan a desafiar las altas temperaturas mientras intercambian pelotas de tenis. Tampoco son locales. «Venimos de Barcelona porque tenemos familia aquí, y como estamos acostumbrados a hacer ejercicio, aprovechamos mientras los niños se bañan», comenta Luis Gómez. En general la opinión sobre la instalación es buena, pero más de uno echa en falta «que hubiese un poco más de sombra», señala su compañero Fidel.