El Ourense sale en tromba pero acaba pidiendo la hora para un triunfo vital

OURENSE CIUDAD

21 ene 2008 . Actualizado a las 11:28 h.

Como había terminado el año, el Ourense se abonó a unos primeros minutos de intensidad en O Couto y los tres goles encajados por un Leganés que no tenía salida de balón parecían finiquitar la contienda. Pero a los madrileños les sonaba eso de que hasta el rabo todo es toro y, frente a un contrincante que no supo afianzar la posesión del esférico, terminó presionando en los últimos minutos, con un hombre menos y un marcador que se había estrechado a la mínima diferencia.

En el tanteo inicial ya era evidente que a los visitantes les costaba ganar metros y comenzaron a llegar las primeras incursiones por la izquieda de un Jaime Moreno muy activo. Un disparo del salmantino salió rozando el palo y su segunda tentativa, tras encarar bien el área, terminó con un derechazo desde la fontral que no logró atajar Emilio.

El gol desmelenó a un combinado ourensanista que se sintió superior y un agarrón de Mario a Pablo fue castigado con penalti por Piñeiro Crespo. A Borja Yebra no le tembló el pulso y elevó el segundo tanto al electrónico. Sólo al cruzar el ecuador de esta primera parte y con el doble mazazo a cuestas fue cuando empezó a despertar el once pepinero, pero su reacción la cortó de raíz un Manu Taranilla que alardeó de reflejos una vez más en dos remates de Berodia, antes de que Pablo sacara sobre la misma línea de gol otra oleada de los madrileños.

David Gordo incluso tiró del banquillo para incluir en el campo a Monasterio, el que había sido su ariete en las últimas jornadas, pero los ourensanistas reaparecieron en el momento más oportuno, en otra proyección de Moreno por la banda siniestra y con Lozano prolongando su centro hacia Jaime Noguerol, que definió con acierto en el área. El mismo centrocampista verinense cobró protagonismo tanto en el desenlace de este período inicial como a la vuelta de vestuarios, pero se encontró con una buena réplica de Emilio.

Manolo Tomé también había aprovechado las molestias en el talón de aquiles de un acertado Moreno, para dar entrada en la segunda mitad a Osvaldo, pero lo cierto es que el delantero angoleño no tuvo un buen estreno, perdido siempre entre los marcadores del Lega y sin acierto en el remate.

Coincidió también su incorporación con los peores momentos de los locales, dubitativos con el balón en los pies y sin el temple necesario para frenar a un rival que tampoco estaba para tirar cohetes. Sin embargo, otra pena máxima de Lozano a Garrido fue aprovechada por Landáburu para recortar diferencias. El canguelo se apoderó del conjunto rojillo y desde el banquillo tampoco Tomé acertó a calmar los ánimos.

Un cabezazo de Garrido y un intencionado chut de Quini instauró el pesimismo en la parroquia de O Couto y esas sensaciones fueron a más, cuando Emilio detuvo el segundo penalti que Yebra lanzó contra su portería. El derribo a Jaime llegó tras una gran ocasión de Anxo y también motivó la expulsión de Javi, pero ni por esas, todo parecía haberse torcido en apenas unos minutos, porque los discípulos de Gordo seguían atacando y, en un balón que pofió Quini, Rives marcó en su propia portería.

Con un hombre menos, los forasteros seguían empujando, con más corazón que con las ideas claras, sobre todo porque el Ourense titubeaba, le quemaba el balón en los pies y no era capaz de otra cosa que aferrarse a la defensa de tres puntos valiosos, que a la postre sí pudo sumar a su casillero. Junto al prometedor inicio de la contienda ese marcador final fue el mejor bálsamo para el empeño que volvió a mostrar el plantel rojillo, que esta vez sí tuvo más pegada que su rival.