La vanguardia de Michael Nyman entusiasmó al público gallego

Ángel Varela / Rodri García A CORUÑA/ LA VOZ.

CULTURA

La Orquesta Sinfónica de Galicia actuó junto a la banda del compositor bajo la dirección de Josep Vicent

05 ene 2011 . Actualizado a las 10:12 h.

Michael Nyman es la prueba de que la música contemporánea de vanguardia no es solo apta para un grupo de sibaritas. El concierto que el británico protagonizó ayer en el Palacio de la Ópera de A Coruña -organizado bajo el patrocinio de la Fundación Pedro Barrié de la Maza- sirvió para volver a contrastar que a un creador nacido al abrigo de movimientos experimentales y de cineastas tan alternativos como Peter Greenaway le ha bastado un solo éxito popular -la banda sonora de la multigalardonada El piano de Jane Campion (1993)- para conseguir que auditorios alejados del perfil que acostumbra a sentarse en los recintos destinados a la música clásica y contemporánea se interesen por una obra que frecuentemente realiza pocas concesiones al espectador.

Nyman dio muestras ayer de la dualidad que ha marcado su carrera, al incluir en su repertorio algunas de sus melodías más famosas -incluidas dentro del ciclo Water Dances - junto a piezas de carácter orquestal como A dance he little thinks of o MGV , encargada esta con motivo de la inauguración de la línea norte del tren de alta velocidad francés en 1993. En todas las propuestas respondió con entusiasmo un público que había esperado largas colas para conseguir las invitaciones de la Fundación Barrié. Y es que Nyman es una especie de juegos reunidos: sus composiciones reúnen a personas de 8 a 80 años que muchas veces pueden tener gustos estéticos muy diferentes si se examinaran las discotecas privadas de sus domicilios.

Las respuestas físicas a las melodías de Nyman también eran muy cambiantes según fuese el receptor del sonido. En las butacas del Palacio de la Ópera se podían contemplar espectadores que movían sus dedos a través de un mástil de guitarra imaginario y otros que apostaban por recostarse cómodamente y dirigir sus ojos al techo con mirada ensoñadora.

Nyman, que en el descanso del concierto paseó durante unos segundos entre el público que rodeaba el bar del vestíbulo e incluso firmó algún autógrafo, dio muestras de estar muy satisfecho de la colaboración establecida por su banda, la Orquesta Sinfónica de Galicia y el director Josep Vicent, el propietario de la batuta que ayer dirigió el concierto, y cuya carrera se ha distinguido por impulsar la renovación del público en la música clásica. Con Nyman a su lado, esa intención parece sencilla de realizar.