Algunos afortunados pudimos trabajar durante tres jornadas junto al malagueño Antonio Banderas en «La piel que habito», el último filme del director manchego
29 ago 2010 . Actualizado a las 14:40 h.Cenamos con Antonio Banderas, nos sometimos a sesiones de maquillaje y pruebas de vestuario, incluso bailamos a ritmo de salsa con el actor malagueño y algunos miembros del equipo de rodaje recreando la fiesta de una boda. Todas ellas experiencias que costará olvidar y que quedarán grabadas en La piel que habito, la película en la que Pedro Almodóvar nos vistió de fiesta, nos maquilló y nos convirtió por unos días en auténticas estrellas de cine.
Muchos de nosotros llegamos al Pazo de Oca solos, sin saber dónde nos metíamos y ahora nos vamos con grandes amigos y compañeros de rodaje. Pero no todo fueron juergas, ya que el oscarizado director tenía que guardar las formas y hacer honor a su nombre. Por eso, a la orden de acción, todo debía estar cuidado al milímetro. Desde los actores hasta los figurantes debíamos dar lo mejor de nosotros, y vestidos con elegantes trajes, como rezaba en la hoja de casting, todos sacamos el Banderas que llevamos dentro para demostrar al manchego que cualquiera de nosotros se podría convertir en el nuevo chico Almodóvar. Mientras un joven actor comentaba que bailaba delante de Pedro para que se acordara de él en su próxima película, una señora de avanzada edad intentaba llegar hasta Antonio para abrazarlo y robarle una foto. Todo ello formó parte del ambiente Almodóvar durante tres noches en las que nadie pudo salir indiferente del pazo de Oca.
A través de un megáfono, Pedro ponía orden a la sala de baile y bromeaba con todos los invitados del gran festín para aliviar el cansancio acumulado tras casi cuatro horas de espera en «la sala de los cafés y los bollos», un lugar donde pasamos las horas muertas y donde se forjaron muchas de las amistades dentro del rodaje. Pero había otro lugar donde disfrutar cuando no estábamos en el set: la sala de maquillaje y peluquería. El espacio favorito de las señoras aspirantes a estrellas donde más de una docena de profesionales cambiaron el aspecto de cada uno de los figurantes que pasaban por sus manos.
Cenando con Banderas
Lo que más me sorprendió del rodaje fue la cercanía de Antonio Banderas, una estrella de Hollywood que pasaba por tu lado con cara amable, saludaba a todo aquel que se cruzara en su camino, atendía sin problema a todas las peticiones de sus fans del rodaje e incluso compartía mesa para cenar junto al resto de los participantes en la carpa que producción habilitó en el exterior de los jardines del pazo. Se comportó como uno más, sin exigencias ni esos caprichos que suelen tener los actores de su talla, y eso es de agradecer. Aunque entre el elenco de actores no solo estaba el malagueño. Blanca Suárez, la joven actriz de El Internado, y el actor Jan Cornet, de la serie Hay alguien ahí también participaron junto a los figurantes en algunas de las escenas, aunque, por sorprendente que parezca, tenían otra actitud y se mantenían mucho más distantes que Antonio Banderas.
Además de los actores y el director manchego, otro de los atractivos del rodaje de La piel que habito era el despliegue de medios que El Deseo, la productora de Almodóvar, tenía en el interior del pazo de Oca. Más de tres cámaras de cine sincronizadas a la perfección para captar cada rincón del pazo, decenas de focos iluminando cada espacio y varios escenarios que recreaban un lujoso salón de fiestas llamaron mi atención y la de muchos de los asistentes que participaban por primera vez en un proyecto de estas características. Durante tres noches todos nos convertimos en otros, fuimos actores de cine, nos maquillaron, nos peinaron y nos vistieron con las mejores galas para compartir camerino con Antonio Banderas, para ponernos a las órdenes de Pedro Almodóvar, para reírnos con sus bromas, para aprender a hacer cine, para conocer a grandes compañeros, y quién sabe, si para convertirnos en los próximos niños de sus ojos.