La atracción del festival no fue la película que inauguró la fiesta cinematográfica, sino la actriz, que acudió como miembro del jurado.
12 feb 2010 . Actualizado a las 00:54 h.La inauguración de un festival de cine internacional, como es la Berlinale, se rige por dos o tres ideas básicas que dejan contentos, por razones diferentes, a los organizadores y al público. La apertura debe ser una noche de gala repleta de glamur, una alfombra roja por donde desfilan estrellas planetarias y una película apropiada a las circunstancias, una costumbre que marcó casi siempre la larga historia del festival de cine de Berlín.
Pero la Berlinale ha vuelto a dar una sorpresa y la atracción del festival no fue la película que inauguró la fiesta cinematográfica, sino un miembro del jurado cuyo rostro despierta la pasión y la alegría en las pantallas de cine: Renée Zellweger, la excelente actriz estadounidense, que esta vez llegó a Berlín para juzgar la excelencia de las cintas que compiten por el Oso de Oro.
Renée Zellweger se convirtió en la estrella fulgurante de la noche gracias a una controvertida decisión del director del festival., Dieter Kosslick, quien decidió inaugurar la Berlinale con una cinta china, fuera de competición, dirigida por el realizador Wan Quan'an, que hace tres años obtuvo el Oso de Oro por la Boda de Truya.
«Es una hermosa cinta china» dijo Kosslick cuando presentó el programa del festival a la prensa en Berlin. «20 años después de la unificación alemana, mostraremos una historia sobre personas que fueron obligadas a separarse a causa de la política y que logran finalmente reunirse», añadió.
La intención era buena, pero la cinta Apart Together, que recibió el honor de inaugurar el festival de Berlín, a pesar de su interesado mensaje político, no aportó el glamour, ni tampoco grandes estrellas a la alfombra roja inaugural. Peor aún, la cinta fue recibida con un significativo silencio en su pase para la prensa y contó con una escasa presencia de periodistas en la conferencia de prensa, un hecho inédito en la historia del festival acostumbrado a grandes tumultos gracias a la presencia de las grandes divas del cine mundial o de músicos como los Rolling Stones, como ocurrió hace dos años cuando llegaron a Berlín a presentar el documental Shine a Light, dirigido por Martin Scorsese.
¿Que falló?. Apart Together no es una mala película, pero tampoco dejará una huella profunda en la historia de la Berlinale a causa de la dramaturgia de una historia de amor que tiene como protagonistas a tres ancianos que reviven sus respectivos dramas personales, cuando uno de ellos logra regresar a Shangai, su ciudad natal, después de vivir más de medio siglo en Taiwán, para reencontrar al gran amor de su vida.
A pesar del tiempo transcurrido, los viejos sentimientos vuelven a florecer, pero la mujer está casada con un ex suboficial del ejército comunista con el que tiene varios hijos. La presencia del soldado que huyo a Taiwan rompe la frágil armonía de la familia que vive en Shangai y deja al desnudo los viejos rencores que dejó la brutal guerra civil en el subconsciente de los protagonistas.
«Es una gran tragedia que nuestro país siga estando dividido», dijo el director de la cinta, «Mi película trata de mostrar las consecuencias de esta tragedia en la vida de la gente común». En parte lo logra, pero la monotonía del relato impide despertar el entusiasmo del público.
Después de una inauguración para olvidar, la Berlinale recupera su protagonismo este viernes con la proyección de «The Ghost Writer», dirigida por Roman Polanski y protagonizada por Pierce Brosnan, Ewan McGregor y Olivia Williams. El estreno mundial de la cinta, que compite por el Oso de Oro, ha despertado expectación en Berlín, a causa de la situación personal y legal del director, que no podrá presentar su película en Berlín por estar bajo arresto domiciliario en Suiza.
En su lugar llegarán a la capital alemana, el trio de actores y Robert Harris, el autor del bestseller Goth, y también responsable del guión de la cinta de Polanski.