En internet pueden adquirirse los paquetes de comida que distintos ejércitos dan a sus soldados para alimentarse durante maniobras o actuaciones reales; las raciones de combate españolas tienen especial buena fama
10 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hay quien por su cincuenta cumpleaños desea un coche descapotable. Daniel Acuña prefirió unos ladrillos del ejército. Así se conoce popularmente a las raciones de alimento que llevan los soldados tanto a maniobras como a misiones reales en las que tienen que comer sobre el terreno, a menudo en condiciones adversas, y necesitando además un buen aporte de calorías para compensar una exigente actividad física. Y no es que Daniel, un civil con un trabajo normal y corriente, fuera convocado para una actuación militar. Lo suyo fue pura curiosidad y, admite, «una buena dosis de frikismo». Interesado desde siempre en los temas bélicos, trasteando por internet dio por casualidad con el vídeo de una cata. Un tipo probaba distintas raciones de comida militar de diferentes ejércitos. Y eso hizo que le entrara el gusanillo. «Me dieron ganas de saber si aquello de verdad estaba bueno, o era un simple mata-hambre para que los soldados pudieran seguir adelante sin protestar demasiado», explica.
Por si eso no fuera suficiente, al hablar del tema con su cuñado descubrió que él también había visto los vídeos y ya había investigado cómo hacerse con unas raciones. De hecho, él fue el primero en probarlas, y el encargado de regalarle todo un menú para su cumpleaños. Un ladrillo de desayuno, otro de comida y otro de cena. Todo lo necesario para pasar un día en el campo de batalla, metafóricamente hablando (o no). «Al abrir la caja me sorprendió el tamaño de los paquetes —21 x 12 x 7,5 centímetros, con un peso de unos 750 gramos—. No parecía que dentro pudiera caber una comida completa», cuenta Daniel. Pero para eso están diseñadas.
La primera caja que abrió fue la de una cena. Una vez roto el sellado plástico y destapada la caja de cartón, de su interior no dejaron de salir cosas: pastillas potabilizadoras de agua, cuatro sobres de polvo isotónico defatigante, una bolsa con hojas de papel de celulosa (servilletas), desinfectante para manos, un hornillo para calentar la comida, pastillas de combustible, cerillas, y hasta un chicle y pasta dentífrica. Y por supuesto, los alimentos. El menú, en este caso, consistió en una sopa de verduras para rehidratar, guiso de vacuno con guisantes, una lata de atún blanco, otra de paté, y de postre una lata de macedonia de frutas en almíbar. «Tratándose de comida preparada en serie y grandes cantidades, me esperaba una calidad muy baja, ¡pero estaba buena! La sopa fue lo más decepcionante, bastante sosa, pero la carne estaba sabrosa, eran buenos trozos, con poca grasa y una salsa que sabía a lo que tenía que saber. El paté tampoco tenía nada que desmerecer al de cualquier supermercado. Solo con eso fue suficiente para comer. El atún y el postre los dejé para otro día. Es una comida saciante», valora.
Hacer esta review de un menú militar puede sonar raro, y quizás lo sea, pero la verdad es que Daniel no está solo. En la red son legión quienes comentan, catan, valoran y hasta hacen ránkings sobre cuáles son las mejores raciones de combate. De hecho, hay comunidades, foros y hasta cuentas de redes sociales especializadas en el mundillo de las conocidas como MRE (meals ready to eat - comidas listas para tomar). Los ladrillos de las Fuerzas Armadas españolas son los preferidos por muchos, aunque franceses e italianos también tienen buena fama. Luego también hay quien barre para casa, y no faltan los americanos que defienden que como las suyas, ningunas. Lo que tienen en común todas es que son compactas y fáciles de transportar y que tienen un contenido calórico alto.
Ares Pérez es otro gallego que se ha dejado seducir por este curioso mundo de gastronomía bélica. Su primera experiencia también fue con las raciones del ejército patrio. «Había leído en foros que eran las mejores y las más valoradas, que en maniobras conjuntas de varios ejércitos llegaban a cambiar dos de otro país por una española. Yo probé el pack para un día completo. El desayuno, por ejemplo, es espectacular, y da de sobra para dos personas», analiza. También le llamó la atención la variedad de las comidas, que tuvieran más sabor del que esperaba e incluso las bebidas energéticas que, explica, auguraba peores.
Compra en internet
Después de eso, decidió probar las raciones francesas. «Son las segundas más valoradas , pero más allá de la calidad de las cosas dulces que traen, los primeros platos me resultaron decepcionantes. Un olor poco agradable, texturas muy blandas y sabor muy uniforme, como de papilla», comenta. Pese al desengaño, no serán las últimas que pruebe: «Tengo en el radar probar las de la UME o las del Ejército rumano».
¿Pero dónde se consiguen estas muestras? En internet hay distintas páginas donde pueden adquirirse. Lo más común es que los ladrillos procedan de excedentes militares, aunque también hay un pequeño mercado negro por parte de personal militar, pero en este caso suele tratarse más bien de transacciones acordadas entre particulares.
En estas webs se presentan las raciones como ideales para kits de emergencia o supervivencia o incluirlas para una salida al campo. También se venden opciones que son una especie de réplicas para civiles, elaboradas por empresas especializadas. Estas acostumbran a tener fechas de caducidad muy largas. Algo que no siempre pasa con las raciones oficiales, que la tienen cuando se fabrican, pero que suelen llegar al mercado secundario ya más próximas a su fecha de consumo.
Actualmente, y desde hace ya varios años, los ladrillos oficiales del Ejército español son elaborados por la UTE Raciones de Combate España, una unión temporal de empresas compuesta por Jomipsa (especialista en la producción de raciones de combate, kits de acción social y de emergencias), Teógenes Ruiz S.L. (focalizada en la distribución a supermercados, con experiencia en suministro de alimentación para empresas de catering, navieras y acuartelamientos) y Alonso Hipercas S.A. (que centra su actividad en el suministro mayorista de productos de alimentación e higiene y aporta experiencia en el empaquetado).
Existen dos líneas de menús, la A (comidas) y la B (cenas), además de los desayunos. Entre los platos que se incluyen hay opciones variadas, basadas en la cocina española, y con presencia de más de una comunidad autónoma. En el listado figura el pote gallego, el cocido madrileño, las judías con chorizo, las albóndigas, la ensalada campera o las lentejas. A esto se suman enlatados varios como los calamares en su tinta, las sardinas en tomate, la caballa en aceite o el pulpo al ajillo. Para el desayuno suele incluirse leche condensada, cacao en polvo, galletas, cereales con frutas o chocolatinas. Entre las tres comidas del día deben sumar unas 3.000 calorías diarias. Hay, además, una versión halal para el personal militar musulmán.