Eres de audio o de texto

Fernanda Tabarés DIRECTORA DE VOZ AUDIOVISUAL

YES

María Pedreda

Cada día se envían en el mundo siete mil millones de audios de WhatsApp. Un caudal apabullante de comunicación que inspira una imagen agotadora en la que casi cada ser humano de la Tierra parlotea en solitario ante un teléfono, sin interacción con el contrario, sin límite de tiempo y sin permiso. El mundo ya se divide entre quienes parcelan su vida en notas de voz y quienes se niegan a escuchar las digresiones de tanto aspirante a predicador que a la mínima pulsa el botón del micrófono y te enchufa el discurso del rey.

Se habla mucho de la inflación de la imagen en la era digital, pero menos del abuso de esos audios que encierran confesiones psicoanalíticas maravillosas. A mi abuela tendría que explicarle varias veces un sistema que elude la interacción y se soporta en monólogos sucesivos, de manera que en lugar de entablar conversaciones en directo la gente envía audios, el receptor los escucha, contesta a continuación con otro audio, el círculo se cierra con otra audición diferida y así hasta el infinito. Si una de las teorías de la comunicación es la búsqueda de la eficacia y el ahorro, ya me explicarán dónde encajamos este circuito absurdo.

La analítica señala que los mensajes de voz son más de chavales que de puretas, aunque conviene no desdeñar la capacidad que los añosos manifestamos para engancharnos a la tecla. Al fin y al cabo, venimos de donde venimos, señores. Aunque por las expresiones se pueda descubrir la edad del autor, el perfil de fondo es parecido, con una cierta tendencia narcisa que se manifiesta en duraciones excesivas y circunloquios innecesarios. Podría decirse que a los mandatarios de audios eternos les encanta escucharse y la tecnología del presente los asiste como nunca otra. El perfil sublimado está en esos grupos en los que te incluyen a empellones sin pedir permiso para bombardearte con artículos o improvisaciones que encuentran una audiencia cautiva, secuestrada y agotada. Y los demás, educados, incapaces de activar la tecla «abandonó el grupo».

MARÍA PEDREDA