Benquerida Madonna

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés REDACCIÓN / LA VOZ

YES

Madonna, coa camiseta do Celta, no seu concerto en Balaídos no verán de 1990.
Madonna, coa camiseta do Celta, no seu concerto en Balaídos no verán de 1990. Victor de las Heras

07 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

A la lectura de estas líneas, unas cuantas horas después de ser escritas, puede que Madonna haya contestado a tan sentida plegaria. Hablo en concreto de Madonna Louisa Ciccione, porque una conclusión precipitada y lógica del titular lo convertiría en el inicio de una oración cristiana entonada desde algún lugar de esta patria y en nuestra lengua. Pero no, la jaculatoria fue de naturaleza estrictamente laica y la lanzó el miércoles la presidenta del Celta, Marián Mouriño; la destinataria era la artista estadounidense, y el objeto, recuperar la legendaria camiseta con la que la cantante actuó en el no menos legendario concierto de Balaídos de 1990.

Si a la lectura de estas líneas Madonna Louisa Ciccione ha contestado y localizado la prenda habrá puesto un banderín más en el espectacular trabajo que las personas de comunicación del Celta están desempeñando desde que Marián Mouriño se puso al frente del club. Una estrategia que demuestra la capacidad que casi siempre tenemos para despreciar nuestros mejores recursos y en los que el club vigués sí ha reparado con resultados inmejorables. Un potaje de lengua, identidad, proximidad, orgullo y las dosis de insolencia necesarias acompañan a un club en horas muy altas, quizás porque todo es coherente y suena a verdad. Lo de menos, aquí, es el fútbol.

Vayamos a aquel 29 de julio de 1990. En la crónica que publicó la Voz de Galicia se resaltaba que la entrada a Balaídos había sido discreta tras haber sido bloqueadas algunas carreteras por un piquete en O Morrazo; que la artista había llegado por la tarde en un jet privado Boeing 727; que el alcalde Manoel Soto lo dio todo sobre el césped y que en la verja del aeropuerto aguardaban cientos de fans que gestionaron con resignación la indiferencia de Madonna. Unas horas después de la fiesta, el sindicato CXTG emitía un comunicado en el que consideraba a la cantante «o máximo exponente da negación da cultura, representante fiel da vana fastuosidade ianqui, da cultura dos cretinos e da estupidez contemplativa». Vivan los noventa. Entre los asistentes, Carlos Casares, que en una deliciosa crónica sobre el concierto constató: «Convertida en ídolo, dá igual que Madonna cante ben ou cante mal. Tampouco importa que sexa guapa ou fea. E carece de interese discutir se o que fai no escenario é baile ou simple ximnasia». Pocos rescoldos quedaron de aquella polémica porque 36 años después se reconoce el valor simbólico de aquella camiseta y de aquella foto, presente en bares, figones y habitaciones y estampa reconocible de una época y una ciudad.

Por cierto, inevitable recordar que uno de los grandes asuntos de aquel 29 de julio de 1990 fue que mientras Madonna cantaba en Balaídos, Prince lo hacía en la explanada del colegio de los jesuitas de A Coruña, en una de las contraprogramaciones más insólitas de la época. Dos vigueses de pro, Antón Reixa y Alberto Comesaña, eligieron a Prince, igual que varios sacerdotes de la compañía religiosa que asistieron al concierto desde el tejado. Lo dicho. Vivan los noventa.