Víctor Amat, psicólogo: «Esas cosas de ti que tratas de ocultar son las que te hacen más irresistible»
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«En terapia vemos mucho narcisista encubierto, sensible, con una sed de admiración infinita, que piensa que todo el mundo está en deuda con él», revela este punk de la psicoterapia, autor de «Las 10 leyes para ser jodidamente irresistible»
10 mar 2026 . Actualizado a las 16:35 h.La vida es un siete, dice este artista de la persuasión con un golpe notable en el ring. Antes que psicólogo, fue boxeador y a base de encajar aprendió a decidir venciendo sus limitaciones. «En la vida hay que saber conformarse con un notable. Si buscamos la perfección, entonces empezamos a sufrir», explica Víctor Amat. «Si tienes una pareja de 8, ¡no lo digas muy alto, tía, te lo van a quitar», abunda.
La persuasión es un arte con tácticas, que hay que conocer para salir airoso de esos lances que afronta en su día a día todo miembro del «club de los ingenuos», los que carne de cañón para el narcisista y el manipulador, que siempre están más cerca de ti de lo que crees. Si no sabes por qué se atraen sin remedio narcisismo y acoso atiende al autor de las Antimeditaciones, un Marco Aurelio punk que aprendió del boxeo el swing del pensamiento. Tiene Las 10 leyes para ser jodidamente irresistible. ¿Deseable? No. Irresistible.
—El arte de la persuasión es central en su libro, que propone tratar de ser «ferozmente buenos» para neutralizar a «los malos» con sus mismas armas. ¿Cómo nos iniciamos en persuadir y qué ley de las diez hay que aplicar primero?
—Esta es la esencia del libro. A veces, lo mejor para persuadir es escuchar, escuchar bien. Cuanto mejor hablas menos hablas, o menos necesitas hablar. El libro es respuesta a un mundo que cada vez premia más el narcisismo y abandona a la gente discreta o tímida, que necesita habilidades para manejarse.
—¿Si vamos sin estas «armas persuasivas», nos devoran a la de ya?
—Claro. Yo lo que propongo es pasar del victimismo (eso de «es que las personas narcisistas te roban el corazón») al empoderamiento. Si no, es como si te tiran a la piscina y no sabes nadar...
—¿Todos llevamos de un modo u otro un narcisista dentro?
—Sí. Hay narcisistas que están en el punto 10 y los hay que están en el punto 1, pero todos tenemos dentro un pequeño narcisista que desea ser mirado.
—«Lo importante es aparentar», dice Maya Amat recibiendo un pedido de Shein, cuentas. ¡Ya lo advirtió Corinne Maier en «Buenos días, pereza»! ¿Todo es aparentar, saber venderse?
—Maya es mi hija y dice algo que es tan viejo como la humanidad. Si ves los chamanes o los guerreros, siempre hay un esfuerzo en aparentar ferocidad. La palabra personaje viene de persona, y persona viene de la máscara del teatro. Y esas máscaras son para ocultar la cara, pero también para proyectar la voz. Entonces, las personas siempre aparentamos, intentamos ocultar aquello de lo que no estamos satisfechos.
—¿Ocultamos cosas que nos avergüenzan y, en cambio, resultan atractivas?
—Sí. Lo que trato de decir es, precisamente, que muchas veces esas cosas que queremos ocultar de nosotros son las que nos hacen más irresistibles.
—Desconcertante. Te equivocas si tratas de ser quien no eres, avisas. Cuando nos pasamos la vida tratando de editarnos y pulirnos para otros. ¿Lo que nos hace deseables es, a la vez, lo que nos puede hacer también patéticos?
—Bueno, no es excluyente... Yo, al final, pienso en la gradación, en cuánto de cada cosa nos hace falta. Cuánto de ti tienes que poner encima de la mesa y cuánto de aprendido o copiado de otros. Depende de la situación y del momento. Pero solo vas a poder hacerlo cuando sabes lo que hay que mirar y copiar. Porque a veces intentamos persuadir solo con nuestras buenas intenciones, sin saber nada sobre cómo funciona el cerebro del otro. La única forma de ganarle a un narcisista es pensar como piensa él.
—Entre otras referencias, recurres a «Nueve reinas» para describir los distintos perfiles de narcisistas que hay. Está la reina 1, que espera ser reconocida como superior sin hacer nada, o la reina 6, que explota a todo quisque por conseguir sus fines. También describes a ese de «La perla» de Rosalía, el que va al psicólogo a mentir más que habla. ¿Hay mucho narcisista en terapia?
—¡Claro! Estamos cansados de ver a narcisistas encubiertos en consulta... Es que el narcisista tiende a la megalomanía. Suele ir a consulta en plan víctima cuando lo han abandonado, a tratar de recuperar, por ejemplo, a la pareja perdida. Este es el narcisista encubierto, que desde la culpabilización quiere manipular al otro. Son muy sensibles y manipuladores, nunca están satisfechos, creen que el resto del mundo se lo debe todo... ¿No sabes el típico padre narcisista que hace que sus hijos se sientan culpables si no hacen cosas que quieren?, ¿sabes la típica persona que siempre está peor que tú y te hace saber lo mal que está y lo injustos y malos que son con él... Es un narcisista que busca captar la atención de forma lastimera.
—¿Tienen esa doble cara: cuando pueden te castigan; cuando ven que no pueden, tratan de dar lástima?
—Exacto. Cuando ven que no pueden destacar por sus cualidades en nada, compiten por ser el más desgraciado.
—¿El narcisismo está reconocido como trastorno?
—Los narcisistas ocultos no. Sí el trastorno narcisista de personalidad, y ahí entran las Nueve reinas, las nueve categorías que hay. Pero el narcisista oculto, sobresensible, no está identificado como trastorno mental.
—Los distingues a menudo en posiciones de dominio o influencia. Ocupan cargos, tienen poder, visibilidad. Eligen profesiones como la política.
—Es que buscan el poder. Cuanto más escalas en peldaños de poder, más personas con este tipo de rasgos encuentras. Un narcisista no es malo por definición, todo depende del grado.
—¿Podemos jugar a actuar como «psicópatas buenos»? ¿Cómo es eso?
—Hay cosas que aprender de ellos, como su determinación. Ellos no olvidan nunca su objetivo. El problema es que no tienen en cuenta a los demás. Lo que pretendo es que puedas aprender a no perder tu objetivo de vista, pero cuidando el entorno. La persuasión es una manera de cuidar a los demás a la vez que persigues tu objetivo. ¿Para qué vas a usar estos poderes? Esa es la clave.
—¿Cómo los detectamos fácilmente?
—Los encubiertos son insidiosos y acaban dominando tu vida. Hay indicadores fáciles: cuando parece que es el amor de tu vida, en diez minutos o en poco tiempo te comparte una intimidad y te obliga a compartir la tuya. Eso se transforma en manipulación, usan esa información en tu contra. Cuando sabes que funcionan así, aprendes a defenderte. Con una persona así no vale poner límites, hay que torearlos. El narcisista no es una víctima, es un mártir. El narcisista exhibe su dolor con un fin, mientras que la víctima de primeras lo oculta. Si eres víctima de un abuso, la reacción natural es ocultarlo. El narcisista lo publicita a la primera.
«Tras dejar el boxeo, hice Psicología. Al final, es sacudirle a la gente la cabeza. Yo la auténtica psicología la aprendí en el ring»
—¿Es el halago la mejor arma persuasiva para ganarnos al otro?
—Como decía Freud, contra el halago no hay defensa. No puede ser muy evidente. En el libro explico cómo, son halagos indirectos. Pero ojo, al narcisista hay que halagarlo siempre, aunque sea muy evidente. ¡Se va a dar cuenta todo el mundo, menos él!
—De boxeador a psicólogo. ¿Ese cross?
—Al final, es sacudirle a la gente la cabeza, ¡el mismo trabajo! Como entrenador yo había disfrutado estudiando cosas de hipnosis y de rendimiento deportivo... De ahí estudié Psicología con 34 años. Me dijo mi padre: «Si hay que ser gilipollas, gilipollas con carné». Así que me apunté a la universidad. La verdadera psicología la aprendí en el ring.
—Encontrar un buen psicólogo cuesta casi tanto como una buena pareja.
—Es así. Yo le digo a la gente que cuando va al psicólogo haga cástings.
—¿Mejor que ayudar es escuchar?
—Sí. Los que siempre están con el te ayudo y dando soluciones son narcis. Son «yo vengo aquí a solucionarte la vida». Mira, ahora mi hijo acaba de tener un bebé y están hechos polvo tanto él como mi nuera. Y una de las abuelas les dijo: «Dejad al bebé conmigo y vosotros dormid». Y decía mi nuera: «Estoy muy agradecida, ¡pero con el bebé quiero estar yo! Por qué no vienen a poner lavadoras o a hacer la comida...».
—¿Es objetivo lo que más nos atrae?
—Hice una encuesta en redes preguntando a la gente: ¿Qué hace que alguien sea irresistible para ti? La mayoría respondían cosas como «que sepa escuchar», «su inteligencia», «su sentido del humor», «que sea humilde y tenga responsabilidad afectiva»... ¿De verdad eso te parece irresistible? Una cosa es ser deseable y otra cosa distinta ser irresistible. Lo que te hace irresistible es más oscuro. Nos atrae lo oculto, lo misterioso.