Nieves, profesora de la escuela de cocina Cousiñas: «Con 6 años ya pueden hacer una vichyssoise»
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En esta academia culinaria de Pontevedra, los niños manejan los cuchillos con facilidad mientras aprenden conceptos culinarios. Cada vez más padres se animan a apuntar a sus hijos a esta actividad
23 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En cuanto los pequeños chefs de entre 5 y 7 años entran por la puerta de la escuela de cocina Cousiñas, lo primero que hacen es saludar con efusividad a Nieves, la profesora que imparte las clases. Después, cambian sus cazadoras por una chaquetilla, se lavan las manos a conciencia y se colocan sus gorros como auténticos cocineros de estrellas Michelin. Incluso hay quien se ata el paño al mandil como el propio Arguiñano. Porque con el auge de Masterchef Celebrity y su versión júnior, cada vez son más niños y niñas los que deciden cambiar la tablet por una cuchara de madera.
«UN TABURETE, POR FAVOR»
Lo que más sorprende en esta clase es que, salvo uno o dos, el resto de los críos no le llegan a la encimera y se tienen que ayudar de un taburete para poder ponerse delante de la vitrocerámica. Bajo la atenta mirada de Nieves, que durante esta sesión de una hora y media tiene que desarrollar diez ojos y cuatro brazos más, los alumnos cocinan arepas caseras rellenas de pollo y frijoles, porque esta semana toca trabajar con las legumbres.
Comienza el cocinado. Primero, les toca picar las cebollas y los ajos para elaborar el sofrito. Abruma la facilidad con la que manejan los cuchillos. «Según la habilidad, utilizan unos u otros», indica Nieves. Mientras dos se quedan a cargo de la tartera vigilando que se pochen bien las verduras, el resto se embadurna. «Al utilizar la pesa, aprenden a calcular las proporciones y a trabajar con los números», afirma. Cuando ya tienen su mezcla de harina con agua, amasan con fuerza para darle forma a las arepas. Durante ese instante, la clase se convierte en un espacio para que los minichefs compartan entre ellos lo que han hecho durante la semana. «Me gustó la sopa que hicimos el otro día», dice una de las pequeñas en alto. «¿La vichyssoise con manzana ácida?», responde la profesora. «¡Sí!», contestan varias a la vez. Parece increíble, pero esta crema de puerros de origen francés es uno de los platos que ya elaboraron en alguna de las sesiones y que pueden hacer con tan solo 6 años. Ahora no lo saben, pero les servirá para evitar la Thermomix en el futuro.
Mientras los frijoles terminan de cocinarse y el pollo se cuece, llega el momento de pasar por la sartén la masa de las arepas. Y, a diferencia de algún adulto que le daría la vuelta con un tenedor, ellos lo hacen con dos espátulas. Unos más independientes que otros, pero todos terminan ejecutándolo sin peligros. Porque en media hora que pasas dentro de esa cocina, te das cuenta de la paciencia y los reflejos que se necesitan desarrollar para vigilar que diez alumnos no se quemen. Sin embargo, a Nieves le sobran. «Yo estaba entre ser profe o cocinera y acabé siendo las dos. Trabajé varios años como jefa de cocina, pero los horarios eran muy complicados y monté la escuela. Aquí también estoy con el tema de los niños y me gusta mucho. Ahora que lo vivo desde dentro sé que es duro, pero es muy guay porque son muy agradecidos. También doy clases a adultos, pero estas cansan el triple», confiesa. Además, entre sus pupilos está su hija Gaia, que parece haber heredado sus dotes culinarios. «Es una manera diferente de hacer cosas juntas», afirma.
DE LOS FOGONES AL TÁPER
Con las arepas ya hechas vuelta y vuelta, alguno no se resiste a hincarle el diente y no llega ni a rellenarlas. Se intuye que están ricas, porque hay quien las saborea sin decir una palabra. «En esta aún menos mal, pero en la siguiente clase les aprieta más el hambre por la hora», bromea Nieves. Posteriormente, cada uno las mete en su táper para cenar tranquilamente y enseñarles a sus padres lo que hicieron hoy. «Mandamos a casa el plan anual de lo que cocinamos en las sesiones para que así ellos sepan lo que se van a llevar. Por ejemplo, si hacemos crema de calabacín, que no la coman al mediodía», explica.
Por otro lado, aquí los pequeños no solo salen con conocimientos de cocina, sino también de idiomas. Mientras ella apura a limpiar parte de las huellas de harina que quedaron sobre la encimera, los alumnos aprovechan para hacer fichas didácticas en las que tienen que unir ingredientes. «¿Cómo se dice fresa en inglés?», les pregunta mientras coge el papel de cocina. «¡Strawberry!», gritan todos al unísono desde la mesa. Aunque a veces se les complica la actividad, intentan ayudarse en grupo. «No me acuerdo cómo se decía uvas...», dice una alumna con cara de pena. «Grapes...», le chiva Nieves. Cuando terminan, ayudan a secar los cacharros. «Cogemos un trapo cada uno y secamos», les indica. Aunque tres de los minichefs aprovechan los tubos del papel y los convierten en unas baquetas de batería que golpean rítmicamente contra los muebles, el resto hace caso velozmente a lo que dice la profesora. Es la hora de irse y de hacer hueco en el estómago para otra clase. Solo queda decir «que aproveche».
«EL CUCHILLO SE COGE ASÍ»
A pesar de que no es la típica actividad extraescolar que se suele escoger como el fútbol o el patinaje, todos están encantados con los resultados que están obteniendo sus hijos. «La apuntamos para que conociera los distintos tipos de alimentos, que aprendiese a manejar los utensilios... El primer año la anotamos nosotros, pero luego ya quiso repetir. Un día hicieron churrasco en casa de mi suegra y fue ella la que dijo: “El cuchillo no se coge así, hay que hacerlo de esta manera. Me enseñaron en cocina”», confiesa la madre de Vega. «Es una actividad en la que manipulan mucho las verduras y me parece fundamental, porque muchas veces les insistimos en que coman sano, pero si no ven la importancia de tratar con los alimentos...», indica la madre de Martina. La pequeña, lleva con el delantal desde los 2 años. «Ahora tiene 5. Antes veníamos aquí a clases con ella. En casa le encanta hacer cosas de repostería y ayudarme. El otro día ya me cortaba ella todas las verduras», añade.
Por su parte, la madre de Xulia confiesa que es una actividad que los hace muy autónomos. «Aprenden a empregar cousas que a todos nos dan medo que collan, como os coitelos. É moi agradable compartila en familia tamén, fai de pinche co seu pai cando cociña», afirma. «La apuntamos como una clase de prueba y ahora se le hace corta. Es bastante habilidosa. Nieves es una fenómena porque yo con tanto niño no podría...», bromea la madre de Uxía, que como el resto de los que acompañan a los niños están deseando volver a por el táper de la siguiente semana.