Da el callo. Cuando hace casi seis años nos confinaron no sabía qué hacer. «Soy un volcán y no puedo estar quieto», reconoce el cocinero Antonio Amenedo, de 57 años. Tiene más amigos que garbanzos y es de esas personas a las que se les quiere tanto que muchos le llaman Pepiño sin más razón que el cariño. En aquellos días grises y eternos de la pandemia se puso en contacto con una médica de urgencias y amiga, María José Doce. «Veía todo lo que estaban haciendo, que no paraban de trabajar y de enfrentarse a un enemigo desconocido y le pregunté si les podía ayudar, por ejemplo llevándoles unos callos el domingo», recuerda. La doctora, como es lógico, dijo que sí, y Antonio empezó con las gestiones. Contactó con los responsables de Makro para pedirles colaboración con la materia prima y con el Ayuntamiento de A Coruña para que le facilitase un salvoconducto para poder desplazarse. Una vez que tuvo todo lo necesario se fue al Pazo de Santa Cruz de Mondoi, del que es jefe de cocina y copropietario, y se puso a preparar los callos. «Son de primer nivel. Tardamos tres días en hacerlos», reconoce este chef al que muchos llaman Antonio, otros Amenedo, bastantes Pepiño, y que gracias a esta acción se convirtió en un superhéroe, el callero solidario.
CASI 3.000 EUROS CON GARBANZOS
Llevando varias raciones a los profesionales de urgencias del Chuac comenzaron las aventuras de este cocinero con capa. «La gente lo fue comentando y con el paso de las semanas acabé suministrando callos a los médicos de las plantas que trataban el covid y hasta a los que practicaban las pruebas de las PCR en el entorno de los hospitales», recuerda. Los callos fueron la primera vacuna contra el coronavirus y la primera misión del callero. Durante meses estuvo preparando las raciones en el pazo y los fines de semana repartiendo hasta que la pandemia se fue alejando de nuestras vidas. Pero nuestro héroe ya no podía dejar de actuar. «Le cogí gusto a llevar a cabo alguna acción solidaria porque así también tengo la conciencia tranquila para hacer alguna gamberrada», comenta sonriente este José Andrés gallego y con comino. Fue entonces cuando se le ocurrió empezar a ayudar a la Cocina Económica de A Coruña, una institución benéfica que este 2026 cumple 140 años. El pasado sábado organizó una nueva callada solidaria en el coruñés mercado de San Agustín, donde tanto él como sus colaboradores despacharon kilos y kilos de callos, a 5 euros la tapa con consumición. «El lunes les llevé el sobre con casi 3.000 euros a los de la Cocina y se quedaron encantados. Es una iniciativa que no tiene colores», comenta en referencia a que fueron a probar los callos tanto Alberto Núñez Feijoo, del PP, como la alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, de PSOE. Makro y Estrella Galicia continúan colaborando con este chef que también puso en marcha una callada extraordinaria para ayudar a los damnificados de la dana. Además del aspecto benéfico, que es lo principal, hay que reconocer que sus callos son de los más ricos que se pueden tomar en Galicia. Muy complicado encontrar unos mejores. Lo mismo le sucede con el cocido que empieza a servir en el pazo desde el día de Reyes. El callero solidario ya es una leyenda, y no para.