Patricia Pardo y su espinita clavada con los Reyes Magos: «Hasta los 42 años no tuve el perro»

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La compostelana Patricia Pardo, en una imagen de archivo
La compostelana Patricia Pardo, en una imagen de archivo

La santiaguesa, que admite que nunca se perdía una cabalgata desde la galería del bar de sus abuelos en la Rúa da Senra, recuerda con ilusión y amor las Navidades en Galicia. «Siempre dejamos un servicio puesto a mayores en la mesa para recordar a los que ya no están, como mi abuela Aurora», confiesa

08 ene 2026 . Actualizado a las 15:33 h.

Por las calles santiaguesas en plena Navidad correteaba de pequeña Patricia Pardo. «Siempre he sido muy familiar. Me acuerdo de mi Santiago iluminado con esa Alameda tan bonita, las castañas de Manolo el Castañero... Las recuerdo desde la más absoluta positividad y desde el amor, que era lo que recibíamos en mi familia», explica.

Desde la Rúa da Senra, veía pasar a Sus Majestades de Oriente todos las tardes del 5 de enero. «Yo vivía en el 5, y mis abuelos un poquito más abajo, porque tenían un bar, el bar Celta. Estaba justo en la escalera de la Alameda y veíamos siempre la cabalgata de Reyes desde su galería. Era como un ritual que tenía con mi hermana y mi prima Lorena», afirma.

 «Mi hermana y yo nos picábamos»

Aunque podría decir mil regalos que recibió de pequeña, Patricia menciona uno en especial. «Me encantaban las Barbies y a día de hoy es una de mis muñecas favoritas. Pero si tuviese que elegir uno, me acuerdo de un juego que se llamaba Diseña tu moda. Como mamá tenía tiendas de ropa y es patronista, en casa teníamos patrones, retales y diseños. Mi hermana y yo nos picábamos por ver quién hacía el diseño más bonito y el que le gustara más a mamá. Creo que es uno de los que recuerdo así con más cariño», confiesa.

Sin embargo, tiene la espinita clavada con una mascota en particular. «Un perro. Siempre pedíamos un perrito y nunca llegó. Tuve que esperar a mis 42 años para tener una perra. Nunca hubo mascotas en casa aunque una vez, de pequeña, tuve un canario. La señora que nos cuidaba en casa estaba limpiando la jaula y el canario voló. No pudimos hacer nada», bromea.

Patricia es madre de dos niñas y un niño. «¡Me encanta ser ayudante de los Reyes Magos! Diría que ahora se vive desde otro lugar, pero es todavía más intenso que cuando eres pequeña, porque buscas ilusionar a lo que más quieres, que son tus hijos», indica. Y cuenta cómo pasa junto a ellos la noche previa. «En casa nos lo tomamos muy en serio. Hacemos todo el ritual. Preparamos el agua para los camellos, las zanahorias, el turrón...», afirma.

Sobre tradiciones en estas fechas, hay una que cumple a rajatabla. «Siempre dejamos un servicio puesto a mayores en la mesa para recordar a los que ya no están. En mi caso, siempre dejamos el de mi abuela Aurora porque para ella la Nochebuena era sagrada. Era la que hacía la comida y la que nos cuidaba a todos. Hay gente de aquí de Madrid que le parece un poco tétrico, pero a mí, en absoluto», confiesa.