Albert Esteban, 24 años: «Si no hubiese entrado en Medicina, habría hecho la selectividad una cuarta vez»
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A la tercera va a la vencida. Albert entró en Medicina en la Universidad Autónoma de Barcelona, después de hacer varias pruebas de selectividad sin éxito. «Se tendría que modificar el método de entrada», opina
27 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.«Si tienes un sueño, tienes que perseguirlo». La mítica frase de Will Smith en Busca de la felicidad (2006) es una por la que muchas personas rigen sus futuros: si quieres algo, ve a por ello. Esta filosofía es la que adoptó Albert Esteban (Barcelona, 2001) a la hora de elegir sus estudios universitarios. «Durante la ESO, era un estudiante normalito a nivel de resultados, por lo que, al principio, estudiar Medicina parecía una cosa lejana. No fue hasta el bachillerato cuando empecé a trabajar más intensamente y confiar en mí mismo, lo que me llevó a mejorar mis notas y a plantearme entrar en esa carrera», relata Albert.
El joven catalán terminó el bachillerato con una media de 9,1, lo que le obligaba a realizar una prueba de acceso a la universidad (PAU) casi perfecta. «Durante las semanas previas hice un montón de exámenes de años anteriores. Veía muchos vídeos en YouTube, observaba en qué fallaba más frecuentemente para mejorar en eso... Y, obviamente, le dedicaba muchas horas al día», recuerda. Pese a sus esfuerzos, en este primer intento se quedó bastante lejos de la nota necesaria: «Mi cualificación total fue de 11,6 y la nota de corte era de 12,7». No entrar fue un golpe, pero no una sorpresa, ya que Albert se dio cuenta durante los exámenes de que lo más probable es que no pudiese entrar: «Durante la PAU ya vi que era difícil que lo consiguiese a la primera, hubo asignaturas que se me atragantaron un poco. Recuerdo que en el listening de Inglés me quedé bastante bloqueado, vi que no me salían las cosas y empecé a disociar cuando más necesitaba estar atento. Eso me bajó la nota bastante».
Una vez que supo oficialmente que no podría cursar el grado deseado, el barcelonés no se vino abajo. Se planteó también optar por cursar Veterinaria, pero acabó descartándolo ya que tratar con animales le daba un poco más de respeto. También se interesó fugazmente por Derecho y Economía, grados en los que considera que se aprenden conceptos muy importantes y que cualquier médico debería conocer, pero él tenía claro qué camino tomar. «Me puse a investigar todas las opciones y vías para entrar en Medicina. La primera era repetir la selectividad directamente, cosa que hice en septiembre en la convocatoria extraordinaria, en la que subí la media a un 12,2, pero seguía sin ser suficiente». Aunque esa nota no le valía para entrar en la Universidad Autónoma de Barcelona, sí le permitía irse a la de Lleida y a la de Girona, pero él tenía un objetivo claro. «Me aseguré un plan b, pero no era lo que quería, así que tomé una segunda vía. Decidí hacer un grado superior de un año (a día de hoy, este grado es de dos años) de Química ambiental, en el Instituto Mercè Rodoreda, en Hospitalet», cuenta. La nota media que consiguiese durante el curso podría sustituir a la de bachillerato en caso de que esta la superase, algo que, finalmente, sucedió. «Me sirvió como puente a la universidad, las clases eran de tres a nueve de la tarde. En la segunda mitad del curso comenzamos con las prácticas, que se hacían de mañana. Fue un año bastante intenso, pero conseguí una media de 9,4, que me permitió seguir subiendo mi nota», explica.
En el año 2020, en plena pandemia, Albert repitió por última vez la selectividad, y esta vez, logró su objetivo. Su nota final fue de 12,8 y él no fue el único de su promoción del grado superior que entró: «Mucha gente usó este método. De mi instituto, una chica también lo consiguió y fuimos juntos en clase». Medicina es, por excelencia, una de las carreras de más difícil acceso en España, lo que provoca que las clases sean del todo variopintas. «Había personas de todas las edades. La mayoría, obviamente, eran de 18-19 años, pero varios compañeros rondarían los 40-50», dice. Para Albert, los primeros años fueron, sin duda, los más complicados: «Lo pasé bastante mal. El covid entorpeció el primer semestre bastante, pero lo peor era la dificultad de las asignaturas, pasabas de sacar notazas a suspender en muchas ocasiones, aunque te dejases el alma preparando la prueba. Te ves obligado a encontrar una nueva manera de estudiar». Al joven le sorprendió un poco el ritmo de los tres primeros cursos, en gran parte, por cómo hablaban del grado en redes sociales. «Sinceramente, no me los esperaba tan complicados. Además, creía que serían más bonitos, puede que la tuviese un poco romantizada, por así decirlo. Seguía a gente en redes que solo contaba maravillas de estudiar Medicina», narra. Al encontrarse con esta realidad, Albert se creó una cuenta en redes para crear contenido en el que habla sobre la otra cara de la moneda.
LO BUENO DE LA CARRERA
«A partir de tercero, todo mejoró. En ese momento, ya empiezas con las prácticas en los hospitales y a ver un poquito más lo que es la medicina de verdad, y no tanto las bases», dice el joven. En estas primeras experiencias, en el Hospital Sant Pau, de Barcelona, este estudiante pudo ver de primera mano cómo funciona un centro médico. «El primer curso es todo más general. Ves los servicios primarios y ya después, según ganas experiencia, rotas entre las distintas especialidades. Normalmente, estás dos o tres semanas en cada una», revela. Según indica Albert, en caso de atender una urgencia, los estudiantes solo observan, pero desde un prisma muy cercano: «Nosotros acompañábamos al médico. A veces, te toca ver cosas bastante impactantes, pero no actúas, observas a los profesionales hacer su trabajo».
Albert se encuentra ahora en el último curso del grado y afronta la realización de su trabajo de fin de grado, que tratará sobre la relación entre los problemas de salud mental y las patologías físicas. La conclusión será ajetreada para el catalán, ya que arrastra dos asignaturas de años anteriores: «Cuando empecé, estaba agobiado y me vi superado por las circunstancias, así que dejé algunas asignaturas para más adelante». La carrera de Medicina se extiende durante un mínimo de seis años, tiempo suficiente para Albert para graduarse; no obstante, algunos de sus compañeros necesitan algo más de tiempo. «Hay una minoría nada despreciable que se la saca en siete años», añade. Respecto a su futuro, el aspirante a médico ve todavía mucha incertidumbre: «No tengo nada claro todavía. Tengo muchas especialidades descartadas, no me gustaría hacer nada de laboratorio ni ninguna puramente médica. Además, estoy apuntado para hacer el mir, en Barcelona, en el 2027. En función de lo que más me guste dentro del plan de estudios, decidiré a qué me quiero dedicar exactamente».
Lo que sí sabe con certeza es el poder que tienen las redes sociales y los influencers para ayudar a la gente de a pie a comprender algunos conceptos que, de primeras, pueden resultar complicados para ellos, y también para concienciar sobre ciertos problemas de salud. «Me gustaría combinar mi profesión con una presencia activa en los principales canales de comunicación como Instagram y TikTok. Es muy interesante divulgar y hacerles llegar información a quienes están interesados en matricularse en Medicina o explicarles a los usuarios cómo funcionan algunas enfermedades», expresa. Sobre el tipo de contenido, Albert piensa que lo mejor para hacerlo accesible para la población es hablar sobre patologías muy prevalentes entre las personas, como podría ser una gripe común, y ayudarles a identificar los síntomas principales: «Es importante que, con la información que le ofrecemos, la gente sepa detectar lo que tiene. Así pueden saber si necesitan ir al médico».