La IA me hace la pelota

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Carol Sturka, durante una escena de la serie Pluribus.
Carol Sturka, durante una escena de la serie Pluribus. -

27 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El sesgo está detectado por mentes tan espabiladas como la de Daniel Innerarity que ya por mayo definió a ChatGPT como «un cuñado pelota». No tengo la última hora del pensamiento del filósofo vasco y sería interesante porque entre mayo y diciembre la IA bien puede haber pasado de cuñado pelota a pedagogo de Montesori, aunque para quienes todavía apenas nos dedicamos a fuchicar con la Inteligencia Artificial sin tenerla todavía incorporada a nuestros procesos vitales las respuestas que ofrece a tus diatribas siguen cargadas de una condescendencia terrible. Ahí está, para representarnos, Carol Sturka, la protagonista de la serie de la semana, Pluribus (Apple TV), en la que la distopía reside precisamente en un mundo perfecto en el que todos sus habitantes son amables, atentos, correctos, educados, sabios y ecologistas. Un mundo feliz cuyos individuos actúan en colmena, cada uno de ellos atesora todo el conocimiento de la creación y no pueden mentir. En ese universo, apenas un puñado de humanos de los de toda la vida quedan inmunes al virus de la felicidad y de ellos solo dos, exactamente dos, echan de menos aquel pasado de guerras, asesinatos, envidias y cafés derramados sobre el escritorio, en una reacción que parece ser un rasgo de lealtad a lo que éramos, aunque lo que éramos fuera un completo desastre. A esas dos personas, la cordialidad extrema de los infectados les parece un síntoma indiscutible de su monstruosidad.

Resta por ver el desenlace de Pluribus, si hay gato encerrado en tanta bondad, pero nuestro disco duro está entrenado para desconfiar de lo perfecto, o para despreciar a quienes como la IA nos hace la pelota con un descaro que no puede ser casualidad y que bien puede ser la estrategia de partida de unos invasores que intentan hacer amigos para convertirnos en lo que no somos. Y lo que no somos es perfectos, porque esa perfección es la que inquieta de la IA y en los defectos está no solo nuestra esencia si no la posibilidad de ser imprevisibles. Aunque eso también nos convierta tantas veces en monstruos.