No te pegaba morir, Diane Keaton

Fernanda Tabarés DIRECTORA DE VOZ AUDIOVISUAL

YES

Mario Anzuoni

18 oct 2025 . Actualizado a las 11:19 h.

Atraviesa nuestra quinta un melancólico sentimiento de duelo por la muerte de Diane Keaton. Las esquelas de los actores que amamos son como los viacrucis del paso de tu tiempo. Con ellas aflora la certeza de que también para ti llegará el momento, pero solo algunas de esas estrellas con las que nos hicimos personas tienen la capacidad de agitarte por dentro como si la muerta fuese alguien de la familia, un ser con el que avanzaste hacia la madurez, alguien que te descubrió algo importante de la vida. Si ese alguien desprendía además el aroma jovial y el chic de Diane Keaton, la conmoción es mayor porque comprendes que incluso un carisma como el suyo está condenado a desaparecer.

Pensar en Keaton es pensar en alguien muy importante para un par de generaciones de mujeres. Hay muchísimo de lo que después quisimos ser nosotras en aquella vestimenta de Annie Hall, la camisa holgada con chaleco y corbata y los chinos de algodón tres tallas más. Para considerar la importancia de ese aspecto hay que recordar que mientras ella acompañaba así a Woody Allen, en la película de al lado Olivia Newton John transitaba de chiquilla finolis en twin set rosa palo (creo recordar que por aquí se llamaba tú y yo) a mujer empoderada en pantalón negro de cuero ajustado y camiseta de escote Bardot. Nada que ver con aquel otro vestuario sin aparentes pretensiones, sin estrecheces, como si fuese el primero en el que se desatendía la mirada masculina para pensar solo en la nuestra. El resultado no podía ser más atractivo, más moderno, más neoyorquino.

Hay muchos otros grandes papeles de Diane Keaton que explican este duelo tan general tras su muerte, pero ahí está su descomunal presencia en el El Padrino, en apariencia tan secundaria y tan cayetana, si se me permite el salto cultural. Lejos de quedarse en esa sombra, le concedió a su Kay Adams un calado perturbador que también es universal, el de la mujer que asiste a la conversión del hombre que amaba en un desconocido.