En este negocio a todo el mundo le gusta el feo

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Adolfo, el primero por la izquierda arriba, con el equipo de la panadería La Pintora de Nigrán y Baiona que elabora el pan feo.
Adolfo, el primero por la izquierda arriba, con el equipo de la panadería La Pintora de Nigrán y Baiona que elabora el pan feo.

23 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Una idea. Un nombre genial. Y un producto que está buenísimo. «Quería crear un pan que marcara, que dejara huella y rompiera moldes. Tardé un año en desarrollarlo y ahora es el que más se vende», relata Adolfo Villafines Carballo, propietario de la panadería y pastelería La Pintora del Val Miñor. Un negocio fundado en 1883 por unos tíos de la madrina de la madre de Adolfo y que empezó siendo el clásico ultramarinos hasta convertirse en una empresa moderna con obrador en Nigrán y Baiona. Dice que en verano duplican las ventas, con lo que lo más habitual es ver largas colas de gente esperando a ser atendidos por un personal que, por cierto, es de lo más agradable. «También despachamos mucho pan artesano, cantidad de empanadas y dulces, como las tortas de nata y las roscas», explica Adolfo. Pero si estás en la cola y escuchas lo que va pidiendo la gente, hay algo que se repite una y otra vez. Unos llevan unas cosas y otros otras, pero en este negocio a todo el mundo le gusta el pan feo. «Tenemos registrado el nombre porque es parte del éxito, nadie se olvida cuando ve en el expositor lo del pan feo. Lo creamos hace 15 años y ahora, cuando se nos acaba a las doce y pico de la mañana, los clientes protestan. Pero no podemos hacer más porque el proceso es complicado», asegura Adolfo.

LOS INGREDIENTES DEL ÉXITO

La panadería abre todos los días por la mañana y por la tarde, excepto el domingo, que cierra a las 14.30 horas. Me enseña las instalaciones en las que trabajan más de 20 personas y que están en constante renovación. Ahí se elabora el famoso pan feo. «La clave es mucha hidratación de agua, un combinado de harinas, su propia masa madre y unas gotas de levadura. El resultado es una masa que podemos estirar como una sábana. Después necesita hora y media de horno. Esa es una de las razones por las que no podemos hacer más, aunque la gente lo reclame. Lo primero, es mantener la calidad y eso no se puede perder. Al estar tanto tiempo en el horno lo tenemos hipotecado sin poder dedicarlo a cocer otros productos. En ocasiones especiales hacemos más, pero con la máxima de no bajar el nivel», explica. Gracias al personal y al pan llevan varios años ganando premios en certámenes nacionales o recibiendo distinciones. «Estamos entre los mejores de España. En la última edición en Madrid fue toda la plantilla. Cerramos y viajamos todos, porque el equipo es fundamental y el éxito es compartido», afirma. Por cierto, el pan feo lleva ese nombre, pero en realidad de feo tiene poco. La forma no es regular, cada bollo de pan es diferente, pero no se puede decir que sea feo. Y, lo más importante, está muy rico. Los fundadores del negocio a finales del siglo XIX se dedicaban a la escultura y a la pintura. Por eso cuando la gente iba a la tienda que montaron en el alto de Mallón, casi llegando a la Ramallosa, entre Nigrán y Baiona, decían que iban a la pintora. El nombre cuajó tanto que al lugar ahora se le denomina así de manera oficial, Alto de la Pintora. «Abrir en Baiona hace diez años fue muy importante para nuestro crecimiento», confiesa Adolfo, que está al frente de un negocio en el que el feo gusta a todo el mundo. Una idea genial, sin duda.