Cara Ozempic

YES

Hollie Adams | REUTERS

29 jun 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Hollywood, si es que ese concepto todavía existe, ha perdido de golpe varias toneladas de peso. La ley de la conservación de la materia ha quedado derogada en California y todas las celebrities que todavía fabrica América con vocación planetaria, de Amy Schumer a Oprah Winfrey, aparecen desde hace unos meses reducidas sin que a estas horas esté muy claro qué ha pasado con todos esos kilos de carne y humores convertidos en nada.

La explicación tiene el nombre de un medicamento pensado para combatir la diabetes que se ha convertido en un milagro para adelgazar. Sucedió antes con los calvos. Un medicamento prescrito para la próstata provocaba un inesperado efecto secundario: el pelo dejaba de caerse. Arrancaba el siglo y muchos hombres maduros consiguieron detener su decadencia capilar, aunque a cambio pasaron a tener problemas de erección. Un lío que la ciencia ha vuelto a resolver con las implantaciones masivas de cabellos a precios populares que aventuran un futuro en el que ser calvo será una elección.

El de ahora se llama Ozempic y ha significado un avance brutal en el tratamiento de la diabetes. Pero el negocio no está ahí, sino en su capacidad para adelgazar de manera drástica a personas sanas. Kilos y kilos perdidos sin esfuerzo y con efectos secundarios aún por descubrir, aunque ya sabemos lo suficiente del alma humana como para predecir que seguirán inyectándose el líquido milagroso por desastroso que sea a medio plazo.

La fiebre por este fármaco y por las versiones más económicas que ya empiezan a llegar a las farmacias y al mercado ha instituido un nuevo neologismo, la cara Ozempic, con la que se resume la consecuencia para el rostro de un adelgazamiento repentino. Jetas demasiado lánguidas o escurridas para el formato ideal que imponen los tiempos. O sea, aquel viejo «o cara o culo» que ahora se demuestra tan atinado y que representa un nuevo negocio para la industria de la cirugía estética, porque donde antes debían sacar ahora proponen meter.

Así que todo aquel discurso de los cuerpos no normativos ha resultado ser tirando a falsete, porque incluso actrices como Rebel Wilson, cuya contundencia corporal era un activo y una reivindicación política, ha pasado por la factoría Ozempic y hoy luce escurrida y lánguida. En unos años, ni un calvo ni un rechoncho.