Kany García, ganadora de seis Grammys Latinos: «Siento orgullo de ser mujer y remar siempre contra el viento»

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Esta cantautora puertoriqueña es un icono en su país. Hija de un exsacerdorte murciano, en el 2022 hará su primera gira por España. En mayo publica su octavo disco

15 abr 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Kany García (Puerto Rico, 1982) es el reverso del retrato sonoro de un país dominado por los ritmos urbanos y el reguetón. Lo suyo es la canción de autor, con estrechos vínculos con las raíces musicales latinoamericanas. Aun así, ha sido quien de labrarse un incontestable prestigio y de ganarse el respeto de la industria, de sus compañeros de oficio y del público. A ello no ha sido ajena su arrolladora personalidad, su compromiso con causas sociales y su declarado activismo en pro de los derechos del colectivo LGTBI. En sus 15 años de trayectoria ha conseguido 6 Grammys Latinos, ha colaborado con artistas como Joaquín Sabina, Leiva, Carlos Vives o Camilo y ha escrito canciones para Jennifer López o Chayanne. En mayo publicará su octavo disco, del que ya se conocen dos adelantos, DPM (De Pxta Madre) y Agüita e Coco.

 —¿Qué diferencias vamos a encontrar en este disco con respecto a lo que ya conocíamos de ti?

—Yo intento en cada álbum tener diferentes procesos evolutivos. Mesa para dos era un disco muy particular, hecho en colaboración con otros artistas y muy íntimo, grabado en pandemia. Ahora, ya con la posibilidad de volver al estudio, he hecho un álbum muy alegre, muy de ponerte de buenas, cargado de autoestima y amor propio.

 —¿Hasta qué punto ha influido España en tu vida y en tu carrera?

—Muchísimo. Desde escritores y compositores a los que he seguido siempre hasta personas con quienes me quiero vincular. España es el sitio donde con más compañeros y compañeras quiero coincidir, porque siento que transitamos un montón de caminos similares. Eso no me pasa en otros países.

 —En uno de tus conciertos en Puerto Rico has invitado a Rozalén, con quien mantienes un curioso vínculo: las dos sois hijas de sacerdotes que colgaron los hábitos por amor.

—Rozalén es alguien a quien admiro mucho. Ella tuvo el detalle de invitarme a un concierto suyo en Barcelona y yo la llevé a Puerto Rico. Es fascinante que tengamos tantas cosas en común. Como cantautoras, como personas y con esa historia de vida también. Es posible que habernos criado las dos en ese contexto tenga que ver con que exista esta sintonía entre ambas.

 —Leo en tu web que has forjado tu carrera a tu manera, «remando contra el viento». ¿Lo sientes así?

—Definitivamente. Por mil razones. Ser mujer ya es ir contra el viento en innumerables cosas. Y ser cantautora en un país donde la música urbana es como la ley del día, también. Pero remar contra el viento también se vuelve un poco una bandera de la que sentir mucho orgullo por las batallas que ganas y por las cosas bonitas que te suceden en el camino. Y así lo llevo yo.

 —En «Lo que en ti veo» dices que si te callas vas poco a poco destruyéndote por dentro. ¿Tú nunca has sido de las que se callan?

—No, nunca. No me va bien callándome. Siempre he sentido que cuando te guardas algo te va contaminando y pudriendo. Qué buen ejercicio es cuando una se sienta y, con humildad, respeto y amor, verbaliza y suelta esas cosas que le van quemando adentro.

 —¿Te ha acarreado algún problema el no callarte?

—Seguramente sí. Señalar en mi país cosas como la injusticia salarial o de género siempre va a provocar que haya quien te diga «tú canta pero no comentes, tú no eres política». Pero yo duermo muy tranquila sabiendo que hablo de lo que siente mi corazón que es importante decir. El micrófono no puede servir solo para hacer canciones, tiene que servir también para comunicar cosas que la gente padece, porque eso puede abrir muchas puertas.

 —¿Te quedaste a gusto después de escribir «De Pxta Madre»?

—Me quedé a gustísimo. La verdad es que sí. Tendríamos que hacer cada día un inventario de las personas que nos rodean y en función de lo que nos aporten, aprender a decir «hasta aquí». Y después mirarse al espejo y decir «qué bien me va desde que he dicho hasta aquí».