«Me llamaban loca por ser Asperger, ahora voy a la universidad»

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GONZALO BARRAL

Entramos en Espazo Compartido, un curso de la UDC, donde personas con diversidad cognitiva buscan la oportunidad para encontrar trabajo y hacer valer sus competencias

22 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Nada más llegar al aula de Espazo Compartido, en la Facultade Caminos en la UDC, Martín toma la voz cantante y me va presentando a todos sus compañeros: «Este es Jose, esta es Belén, este es Daniel...». Todos son una piña y enseguida se percibe que si algo tienen en común, son sus enormes ganas de aprender. Me lo confirma Patricia, que a sus 22 años, valora el hecho de estar en la universidad. Tiene síndrome de Down y este es su segundo curso de formación: «Para mí es un orgullo, quiero muchísimo a mis profesores y a todos mis compañeros, es mi corazón el que habla, lo siento aquí dentro», expresa, y es imposible no quebrarse escuchando su relato de agradecimiento.

 -¿En qué te gustaría trabajar cuando salgas de aquí?

-En una tienda de moda.

Patricia es dispuesta, tiene mucha labia y destaca por sus buenas dotes de vendedora. Le pregunto qué estilo de ropa le gusta más y ella lo tiene muy claro: «Lo salvaje y lo roquero». Como muchos de sus compañeros, Patricia asegura que este curso le ha cambiado la vida, «ha sido genial», porque además de haber hecho amigos y de recibir el cariño de sus profesoras, ha aprendido a buscar trabajo. Un objetivo que todos comparten porque ninguno quiere quedarse atrás.

Esta es la meta principal de este título universitario, propio de la USC, que busca que personas con diversidad cognitiva puedan tener una formación reglada de dos cursos. El único requisito es que sean mayores de 18 años (hasta 30) y que estén inscritos en el programa de Garantía Juvenil. Así lo explica Thais Pousada, directora del proyecto, que lleva ya cuatro años en funcionamiento. «Aquí se les imparte formación teórica, como matemáticas, habilidades de comunicación, ergonomía, pero también se les prepara para el día a día para que entiendan cómo podría ser su trabajo en una empresa o en la Administración».

De hecho, Arantxa, una de estas alumnas, tienen en mente opositar. «Estoy aquí porque tengo diversidad -se presenta-, mi meta es opositar porque he realizado estudios de Administración, y después de acabar la FP básica, quería continuar mi formación académica». «En este curso he aprendido un montón de cosas y he notado mucha mejoría porque soy muy impulsiva», explica Arantxa.

En este punto, toma la palabra Claudia, una de las psicólogas que forman parte del equipo y cuya función es precisamente enseñarles habilidades emocionales y sociales con el fin de que no se desborden. «Aquí ajustamos sus expectativas y ellos aprenden que todos tenemos limitaciones, pero sobre todo que cualquier persona es capaz de mejorar. Eso de ‘Yo soy así’ aquí no vale, siempre podemos ir mejorando», los alienta Claudia. Entre las cuestiones más importantes que se les enseña está su autonomía personal en contenidos relacionados con la gestión del dinero.

 MANEJAR EL DINERO

Ana, la profesora de Matemáticas, incide en que esta parte es fundamental: «En casa suelen estar más sobreprotegidos, pero es importantísimo que aprendan a identificar el propio dinero, que sepan manejarlo si se quedan, por ejemplo, a comer en la facultad o si de pronto tienen que coger un autobús o un taxi». A su lado, Dani, de 22 años, corrobora lo positivo de este aprendizaje. «Ahora sé lo que cuesta una Nintendo Switch», avanza, mientras sus compañeros lo jalean. Entre todos ellos sobresale la mano de Belén, que pide paso y me adelanta que para ella ha sido fundamental conocer todos los requisitos que hay que controlar cuando te enfrentas a una entrevista de trabajo: «Me enseñaron que no se llega tarde, que se viste formal y que hay que hablar con claridad».

¿Y qué habéis aprendido vosotras -les pregunto a las profesoras- de todos ellos?

«Estos chicos saben aprovechar esta oportunidad», responde Thais. «Hay otros universitarios que no ven lo que tienen delante, pero ellos sí, están muy agradecidos y aprovechan al máximo todo lo que les enseñamos. Además de que la relación entre todos los compañeros es estrechísima, es una pasada cómo hablan entre ellos y la amistad que han creado», apunta la directora que no quiere dejar de mencionar que, gracias al Consello Social de la UDC, a la Fundación ONCE y a Santander Universidades, todos estos chicos no están pagando nada por esta formación.

Ana, la profesora de Matemáticas, también destaca su capacidad de adaptación durante el covid, porque habitualmente su metodología se basa en trabajos grupales, y con la pandemia todos han sabido amoldarse a las clases online. «Estos alumnos siempre responden. Por muchas tareas y retos que les pongas, ellos siempre están al otro lado implicados; en esto sí se nota la diferencia», matiza Ana.

Verónica, la logopeda, les da también ofimática e Internet, una materia que les encanta, aunque en este curso les enseñan también a enviar un correo electrónico dentro de la empresa o certificados, una comunicación más asertiva que necesitarán en el día a día, porque todos inician prácticas en empresas o distintas asociaciones. Y Olga, la terapeuta ocupacional, se encarga de darles ergonomía: «O que queremos é que sexan totalmente independentes: que a pantalla do ordenador estea axustada, o tipo de letra, as teclas...».

Y para independencia la de Noemí, que a sus 23 años, nos da una lección de vida. «Yo estoy en una ONG que se llama SenValos, adonde llegan inmigrantes, simpapeles y personas que lo pasan muy mal. Yo también tengo un pasado oscuro y sé lo mal que se pasa. Sufrí bullying en el instituto, me llamaban loca por el mero hecho de ser Asperger, pero, mira, ahora estoy feliz aquí, en la universidad».

GONZALO BARRAL

«Todos cometemos errores, pero he aprendido que la gente no es buena ni mala, son varias tonalidades de gris. Yo he tendido a convertir ese odio en amor y sé que se puede mejorar desde lo más hondo del corazón. Nadie es perfecto, pero aquí he aprendido que todos podemos mejorar», expresa con muchísima lucidez Noemí, que hace una llamada de atención a algunos medios de comunicación: «A muchos inmigrantes se los está deshumanizando, se los cosifica, y los humanos deberíamos ayudarnos unos a los otros. Sé que hay competencia, y es fiera, pero los seres humanos no estamos hechos para odiarnos, sino para amarnos y ayudarnos, para ser el hombro de cado uno». «Yo tengo Asperger, pero he nacido en una familia llena de amor, y gracias a mis padres, a mi hermana, y a otras hermanas que he conocido fuera (señala a sus compañeras Arantxa y Ana) ahora tengo esta oportunidad y estoy orgullosa». Noemí nos deja sin palabras. Todos en clase le respondemos con un aplauso y la certeza de que cuando hay emoción, se esfuman todas las barreras.