Pulpo á feira en el pan bao

Abre en A Coruña un local especializado en bocatas de pan bao asiático con rellenos gallegos como los chicharrones con queso de Arzúa o el tradicional pulpo á feira.


Este fin de semana se estrena en la plaza de María Pita un nuevo negocio de hostelería. En estos tiempos que corren es toda una heroicidad. Se llama Bao Viene, lo que supone una declaración de intenciones. Es el típico bar de bocatas de toda la vida pero, en lugar de barras o bollas, el pan es asiático, muy blanquito y con un sabor neutro. Un tipo de pan que tendría que salir huyendo de cualquier pueblo de Galicia. Pero si el continente proviene de Asia, el contenido es muy nuestro. «¿Por qué no modificarlo para que sea algo gallego? ¿Por qué no meter un pulpo á feira en un pan bao?... Al principio tenía mis dudas, pero salió una combinación espectacular. Y sirve para demostrar que no importa de dónde vengamos porque todos somos parte del universo», afirma la cocinera del negocio, Andrea Villanueva. Es venezolana de familia gallega y hace pocos años tomó el camino de vuelta. «Mis abuelos se fueron a Venezuela a crecer y ahora soy yo la que desarrollo un proyecto en su tierra», analiza. A su lado está Carlos David Orjuela y el jefe del negocio, Juan Trashorras.

CON TINTA DE CALAMAR

Hasta ahora Juan solo se dedicó a la hostelería como cliente. «Pero la idea de montar algo la tengo en la cabeza desde hace tiempo. Quería algo callejero donde pedir algo rápido, sencillo y rico. Siento admiración por locales como La Bombilla (no muy lejos del Bao Viene) o el de los champiñones de Logroño», comenta. Se refiere al bar Ángel de la famosa calle Laurel, cuyo propietario y creador de la receta de los famosos champiñones falleció hace unos meses. La idea original fue evolucionando y como Andrea domina el tema del pan bao, acabó siendo un establecimiento donde se fusiona lo asiático y lo gallego. Y como ese dichoso pan admite de todo, además de relleno con pulpo á feira lo ofrecen con chicharrones y queso de Arzúa y pimientos de Padrón o de costilla de cerdo. «Hay otro en el que pintamos la masa con tinta de calamares y que sale negro. Es espectacular», avanzan. Por el momento, no tienen la opción sin gluten, pero llegará pronto, y tampoco disponen de espacio (el bajo es de 45 metros cuadrados) para elaborar el pan. «Nos lo hacen siguiendo nuestra fórmula, con aceite de oliva virgen extra, que le da un poco más de fuerza», apunta Andrea. Hace poco me contaba un hostelero que tiene dos locales y que uno lo dedica a los platos tradicionales y otro a lo que les gusta a los chavales. En el primero no falta el buen pulpo, calamares a la romana, raxo, carnes y pescados. Y en el más juvenil las piadinas, tacos, fajitas y demás modalidades que atraen a las nuevas generaciones. Bueno, yo tampoco le hago ascos a ninguna en un momento determinado, pero donde esté un bocata de verdad... Un bocadillo de calamares de los de toda la vida como el de El Serrano en la coruñesa calle de la Galera. O el bocata de jamón asado de O Porco, en la calle Real del Casco Vello de Vigo, que recuerdo que humedecen el pan con un poco de caldo... Se me caen las lágrimas.

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