Amazon se llama Miguel

Fernanda Tabarés DIRECTORA DE VOZ AUDIOVISUAL

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Abhishek Chinnappa | Reuters

20 feb 2021 . Actualizado a las 10:03 h.

Nos cuentan que con la actividad confinada las grandes empresas de reparto a domicilio están que se salen. A poco que una levanta la vista de la mascarilla, detecta un ejército de cajas sonrientes que llevan a las casas unas dosis de vida exterior, ahora que la vida es un asunto prohibido. Se habla todo el rato de cómo viviremos después del covid, de qué hábitos se nos van a quedar viejos y de cuál será el ritmo del futuro, que es tan inalcanzable como siempre, pero un poco más. Y aquí los augures avanzan una vuelta al campo y a la aldea. Manda carallo. Hemos necesitado una pandemia para frenar en seco nuestras tendencias migratorias internas que han dejado medio país abandonado. La gran aventura consiste ahora en cruzar el perímetro de la ciudad y adentrarse en el paraíso perdido de los pueblos, en la casa desatendida de los abuelos que antes apenas era un puñado de pedrolos y hoy una esperanza cierta de felicidad.

En ese regreso a la huerta, puede que algunos descubran que allí las cosas no son como nuestros prejuicios urbanitas suponían. Un rasgo de modernidad urbana es tener una fila de repartidores en el portal, pero en realidad la dinámica Amazon nunca ha dejado de existir a un puñado de kilómetros de los semáforos, allí donde los gallegos vivimos dispersos y en casas sin adosar. El lujo de que la despensa venga a ti sin hacer cola nerviosa bajo el neón del supermercado es una realidad en miles de pueblos por los que cada día transita un ejército de furgonetas que te llevan lo necesario. Miguel, por ejemplo, reparte pan y una empanada casera sin código de barras a veinte minutos de Ourense. Cuelga las delicias en los portones de las casas con esa tranquilidad ajena a los okupas y maleantes que se multiplican como esporas según los anuncios de alarmas. El aviso de que la mercancía está en camino no es un timbre en el smartphone, sino un bocinazo que interrumpe el sonido plácido de la mañana. Miguel te trae el pan, pero después pasará la furgoneta del pescado, fresquísimo; la del butano; un camión con congelados y gominolas que es como un mercadona compacto y un cochito con las verduras más frescas del lugar porque en muchas casas los habitantes son viejos y ya no tienen la espalda para apañar patatas. En efecto, Amazon ya existía en la aldea antes de que existiera Jeff Bezos.