Carmen Posadas: «Antes para ser escritora había que ser interesante y fea»

Sería taxista si no se dedicase a escribir y confiesa que le gustaría estar en la RAE, pero considera que no da «el perfil». Tras 40 años de oficio, Carmen Posadas lanza «La leyenda de la peregrina», sobre una joya con 500 años de historia para cotillear

Carmen Posadas acaba de publicar «La leyenda de la peregrina», sobre una joya legendaria
Carmen Posadas acaba de publicar «La leyenda de la peregrina», sobre una joya legendaria

Una joya con siglos de historia ha atrapado a Carmen Posadas (Montevideo, 1953), que la ha convertido en protagonista de su nueva novela, La leyenda de la peregrina. Posadas invita a curiosear desde en la corte de Felipe II hasta el hogar Elizabeth Taylor y Richard Burton; y a asomarnos incluso a la boca de uno de los perros de la apasionada pareja de actores para seguir el rastro de la perla más codiciada del mundo. ¿Dónde está hoy esa perla? Hay rumores...

-Esta novela empieza con una anécdota familiar y con una confesión: su fascinio por el ser humano.

-Siempre me ha parecido lo más fascinante del mundo. Lo que pasa es que a medida que iba cumpliendo años me empezó a pasar algo que me ocurría en la infancia. Cobran gran protagonismo los objetos, como que uno se encariña con las cosas, enseres y recuerdos. Cuando murió mi madre, apareció un anillo de zafiro que ella usaba y que siempre decía que su abuela lo había tenido en forma de broche, y antes de eso, su bisabuela en forma de colgante. Los objetos no cambian, permanecen, pueden ser iguales durante años y años, mientras que nosotros pasamos, crecemos, envejecemos, morimos... Se me ocurrió: «¿Por qué no hacer hablar a una joya?». No a esta joya mía de familia, de la que solo puedo contar tres generaciones, sino una joya que haya vivido muchas vidas. Y ninguna como la peregrina, que es la joya más mítica. Está en los cuadros de Rubens, de Velázquez, de Moro, de Pantoja de la Cruz... También en las novelas. Y pensé: «Esta perla tiene que haber visto cosas increíbles». Y la hice hablar.

-¿Qué es lo más extraordinario de esta joya extraordinaria?

-Es muy difícil contestar a eso, porque son más de 500 años de historia y en circunstancias muy diferentes. Esta perla aparece en Panamá en el año 1579 y, como era una joya tan extraordinaria, primero consiguió comprar la libertad del esclavo que la pescó y años más tarde ya estaba en la corte de Felipe II. Siempre ha estado en manos de gente muy poderosa...

-Y muy peculiar.

-Sí, las dos cosas. Mientras Felipe II fue el centro del universo la tuvo él. Luego al morir, pasó al resto de los Austrias, vienen los Borbones, después las guerras napoleónicas y se la llevan los Bonaparte, con lo que está, una vez más, en el centro del poder. En Francia, cuando los Bonaparte han caído, pasa a Inglaterra, al palacio de Buckingham con la reina Victoria, y de ahí ¡salta a Hollywood!

-¿Liz Taylor es, entonces, su penúltima dueña? Hace además sus cábalas sobre el actual propietario...

-Sí, Liz Taylor es la penúltima. Y se sabe que de diez años a ahora se vendió por casi 12 millones de dólares a alguien de los Países Árabes. Una vez que ya tenía el libro, me llegó un rumor que sería absolutamente tronchante...

-Denos una pista.

-Estoy mordiéndome las uñas para no contarlo. Espero que me lo confirmen pronto, porque sería otra pirueta más de esta perla increíble.

«Son los hombres los que hacen la historia. Sus pasiones, las buenas y las malas»

-¿Cómo debemos leer su novela, como historia o como ficción?

-Yo quería contar la intrahistoria, la parte que tiene que ver con el factor humano. Con las pasiones. Con los amores y los desamores. Con los odios y las venganzas. Y esto es lo que explica todo lo demás. Son los hombres los que hacen la historia. Sobre todo, sus pasiones, las buenas y las malas.

-La pasión es uno de los primeros ingredientes de un libro con historias increíbles, como la del vendedor de sanguijuelas o la del rey que murió por no saber apartarse de un brasero.

-Es que la realidad es tan increíble que te supera siempre. Siempre. Yo trato de ser lo más fiel posible a la historia. Mi objetivo es que el lector tenga la sensación de que está mirando por el ojo de la cerradura de la vida íntima de los reyes y de todos los que tuvieron la perla. En el caso de Felipe II elijo como hilo conductor al vendedor de sanguijuelas; en el de Felipe III a una monja y un pecado inconfesable; en la época de Felipe IV a un enano de Las Meninas.

«La perla más codiciada del mundo estuvo a punto de ser devorada por un caniche»

-Esta perla llegó incluso a estar en la boca de uno de los perros de Richard Burton y Liz Taylor.

-Ella misma lo cuenta en sus memorias. Se va con su marido a Las Vegas, y él está de un humor de perros, porque ella tenía película y él no, y están en una suite. Él en el salón furioso, y ella, en su cuarto probándose la peregrina con distintos trajes... En un momento, en ese entusiasmo entre un vestido y otro, la peregrina desaparece. No aparece por ningún sitio. Y cuando ella está desesperada a punto de llamar a su marido para decirle que había perdido la perla más cara del mundo, entran sus caniches blancos, y se da cuenta de que uno de ellos tiene un hueso en la boca... ¿Un hueso? ¡Era la peregrina a punto de ser devorada por un caniche!

-¿El oficio de escribir tiene algo que ver con seguir el rastro de una joya?

-Escribir se parece al trabajo de un detective, o a hacer música (tiene su parte de adagio, otra de allegro, unos timbales, un poco de violín...). Pero yo no puedo oír música mientras estoy escribiendo. Lo que sí hago es leer el libro en voz alta, a una amiga mía con la que trabajo desde hace años y que tiene la misma sensibilidad que yo. Contar con una persona que tenga otro criterio, claro, te puede volver loca. Yo digamos que tengo a mi lectora de cabecera.

-¿Ese zafiro que heredó de su madre qué revela sobre usted?

-¡Ese se lo quedó mi hermana! Pero a mí me gustan mucho las perlas. Cuando me casé, le pedí a mis padres que me regalaran un collar de perlas, y lo tengo hasta ahora, y lo uso además.

«En el confinamiento me engaché a los audiolibros. Recorría el largo pasillo de mi casa escuchando 'Guerra y paz'»

-¿Tiene hoy más brillo la novela o la ve de capa caída?

-A la novela cada cierto tiempo la entierran, y muchos no se han dado cuenta de que no está muerta. Está muy viva. Ante nuestro estupor, la gente con el confinamiento ha descubierto el placer de la lectura, y si te enganchas a esto no hay nada parecido. Estamos de enhorabuena. Yo crecí ya entre libros, mi padre durante toda nuestra infancia siempre nos estaba leyendo. Pero en el confinamiento me enganché a los audiolibros. Recorría el largo pasillo de mi casa escuchando, por ejemplo, Guerra y paz.

-Ha dicho alguna vez que la literatura le ha ahorrado mucho dinero en psicoanálisis. ¿Es así?

-Es verdad. Escribir es un modo de conocerse y de exorcizar todos tus fantasmas, tus miedos. Y es además muy terapéutico: yo si alguien me cae mal, ¡lo pongo en un libro y lo mato!

-¿Le gustaría entrar en la RAE?

-Sí, pero ya lo dije alguna vez, creo que no doy el perfil. Entre otras cosas, porque hay que trabajárselo mucho. Tienes que dorarle la píldora a mucha gente y todo eso que me encantaría saber hacer. No lo critico, pero es que a mí eso se me da fatal.

-¿Se escribe mejor ahora que en el 98, cuando ganó el Planeta?

-Cuando leo cosas mías antiguas, digo: ¡Ay, qué bien escribía yo! Empecé publicando con 25, y veo que lo que ganas de una manera lo pierdes de otra. La experiencia no te salva del miedo al abismo, pero antes yo pensaba que una vez que caía en un agujero no me salvaba nadie. Y me he dado cuenta de que tarde o temprano sí sales. Es cuestión de perseverancia. Pero con el tiempo pierdes la ingenuidad, ese mirar el mundo con ojos asombrados, que es decisivo. En cierto modo, recuperé esa capacidad de asombro a los 66 años.

-¿Cómo se hace una buena novela?

-Tengo una escuela de escritura en Internet y siempre les digo que una novela tiene que tener un movimiento de rotación y otro de traslación. Todo lo que escribes tiene que tener un sentido y una belleza, cada línea. Y te tiene que ir además llevando hacia delante.

-¿Qué es lo mejor que le ha dado la literatura?

-Todo. ¡Yo para el resto de la vida soy un desastre! Tengo un talentito que ha conseguido que pueda vivir de esto. Muchas veces en mi vida he pensado: ¿Qué sería yo si no fuese escritora? Lo único que se me ocurre es taxista. Primero, porque me encanta conducir. Segundo, porque se sube alguien, te cuenta una historia y luego se baja ¡y se va! Adiós, no les ves más. Si no, si se queda, el otro es una lata...

-¿Siente que ha tenido que romper muchos prejuicios como mujer escritora?

-Sí. Cuando empecé a escribir había como un estereotipo de lo que tenía que ser una escritora. Ahora no es así... Pero antes tenías que tener un aire interesante, y tenías que ser fea, porque si eras guapa resultabas sospechosa. ¿Una guapa que escribe? ¿Y eso? Me costó bastante que me tomasen en serio, entre eso y, yo qué sé, que mi marido era el gobernador del Banco de España, yo era hija de un diplomático..., todo eso resta credibilidad como escritora.

-Hay tantos reyes y reinas en «La leyenda de la peregrina»... ¿Le gustaría que leyese esta novela la reina Letizia?

-¿Por qué no? Pero como cualquier otra persona. 

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