La Billy ya no entra en el buzón


Anda Kodak ahora en el negocio farmacéutico en una evidencia de la musculatura que aún conserva la empresa que fotografió nuestra vida en papel antes de que hacer fotos fuera una compulsión absurda sin método alguno ni vocación de trascender. La quiebra de la multinacional fundada en el siglo XIX por George Eastman fue hace seis años un zarandeo íntimo para todas las generaciones que entregábamos los carretes de las vacaciones y esperábamos con ansiedad su revelado. Imposible explicarle a una veinteñera alumbrada en la Red cómo se cuidaba cada disparo o cómo el resultado era una promesa más que una certeza inmediata concebida para ser compartida al instante con miles de amigos a quienes ni siquiera conoces. Hace una semana, las acciones de Kodad se dispararon un 80% en Wall Street. Durante más de un siglo la compañía había utilizado la química para imprimir nuestra realidad pero cuando el papel se convirtió en una antigualla las pipetas apuntaron hacia los medicamentos, el santo grial en un mundo estrangulado por el virus.

EDITAR EN PAPEL EL CATÁLOGO

Pensé en el meneo que nos propinó la quiebra de Kodak, una evidencia de que nuestro mundo ya no es este mundo, hace una semana, cuando Ikea anunció que dejará de editar en papel su catálogo, otro bonito cadáver de celulosa a enterrar en el valle de los caídos digitales en el que yace la historia que fue de la humanidad.

Leo en Wikipedia que el primer catálogo se editó en sueco en 1951 y que avanzados los 2000 ya se había editado más veces que la Biblia. Como las escrituras cristianas, el librillo ha sido la verdad revelada para millones de humanos que fueron replicando sus casas bajo las instrucciones de Ingvar Kamprad y buscando en las fotos mensajes esotéricos ocultos escritos en sueco. En la era pre-Amazon(ica), recibir en el buzón el catálogo de Ikea era una evidencia de que tu estatus compaginaba con la modernidad, una certeza de que manejabas los tiempos globales en los que tu casa bien podía estar en Fernandaño, Lugo, o en Telluride, una pintoresca localidad de Colorado con vitrinas victorianas.

Los suecos deciden ahora pasar página. En la siguiente sus billys serán de bits.

Por Fernanda Tabarés Directora de Voz Audiovisual

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