Luis Tosar: «Una vez me ofrecieron muchísimo dinero y dije que no»

El actor gallego con tres Goyas estrena en Netflix «Los favoritos de Midas», un «thriller» de seis episodios en el que interpreta a Genovés, el dueño de un imperio mediático al que extorsionan hasta el límite de sus posibilidades. Tosar, una vez más, se sale


El año que viene Luis Tosar (Lugo, 13 de octubre de 1971) cumple 50 y tiene ilusión por celebrarlo a lo grande, si las circunstancias se lo permiten. A sus 49 y echando la vista atrás, reconoce que desde que es padre de León y Luana está mucho más activo. «Yo si no trabajo tengo una tendencia al aburrimiento, me voy mustiando, pero con ellos es imposible. He descubierto cosas de mí que no sabía ni que tenía dentro, como mi habilidad con la madera», asegura el actor. Tosar estrena ahora Los favoritos de Midas, una serie en la que interpreta a Genovés, un ejecutivo al que un grupo anónimo le pide 50 millones de euros. Si no los entrega, empezarán a matar a inocentes al azar.

-Tantos años sin hacer televisión, ¿qué fue lo que te atrajo de «Los favoritos de Midas» para lanzarte?

-Primero que tenía muchas ganas de trabajar con Mateo Gil y luego el guion de otro gallego, Miguel Barros. De los dos tenía muy buenas referencias, de Mateo por su película Blackthorm, una de mis favoritas, a mí me gusta mucho el wéstern. Y a Miguel ya lo conocía un pelín, así que la oferta era muy tentadora de salida.También suponía la posibilidad de hacer tele en un formato pequeño, seis episodios, una manera más cercana de enfrentarlo.

-Como una peli de cine.

-Sé que a los seriéfilos y cinéfilos les molesta mucho, claro que la serie tiene tics de serie, pero a nivel de rodaje ha sido igual que hacer una peli, solo un poco más larga.

-Tu número de la suerte es el 13, naciste el 13 y ahora estrenas un 13. Tienes la suerte a favor, ¿estás nervioso?

-Más que nervioso siento curiosidad, estrenar on line te quita un poco de tensión de la noche de bodas, pero quieres saber qué pasará a partir de cierto momento.

-Ponerse en la piel de un rico da miedo, se ve en esta ficción, todos los problemas que te puede acarrear.

-Sí, ja, ja. No me había planteado que ponerse en la piel de un rico pudiese llevarte a los problemas como los que tiene Víctor Genovés. Pueden tener problemas, pero espero que por su salud, no sea lo que le pasa a mi personaje.

-¿Tú por dinero que has hecho?

-Yo trabajo [risas]. En eso no me diferencio de nada con el resto del mundo, trabajo a cambio de unas cantidades que son muy diversas. A mí me encanta lo que hago, es vocacional, maravilloso, pero es mi trabajo. Lo hago por dinero.

-Trabajas, como todos, por la pasta.

-Sí, evidentemente hago cosas que no tienen como objetivo eso, proyectos que no tienen otra forma de hacerse más que el puro desinterés, pero cuando te conviertes en profesional tienes que ser remunerado por el trabajo que haces. Cuanto mejor lo hagas, lo lógico es que te paguen mejor, pero no siempre es así.

 -¿Te consideras bien pagado?

-Sí, no solo bien pagado, sino un afortunado y un privilegiado. Hay mucha gente a la que no le están yendo tan bien las cosas ahora mismo.

-Sean Connery antes de hacer el cásting de «007» les dijo a los productores: «O me cogen o me voy». ¿Te han dicho no a ti en alguno?

-Sí, hace poco me dijeron que no a una cosa que no era con cásting, pero que creí que era para mí. De hecho, tuve casi una oferta, me mandaron guion, lo leí, pero luego me dijeron que era una decisión que no se había tomado. Y me quedé muy chafado cuando supe que no era para mí. Fue para otro, claro.

-¿Era un caramelo bueno?

-Sí, pero prefiero no decirte cuál porque no es justo para el que lo está haciendo.

-Para hacer de Genovés, ¿qué punto tuviste que trabajar más?

-El psicológico. Entender cómo este hombre está donde está y qué está dispuesto a hacer. Discutí mucho con Mateo, tuvimos dudas por el comportamiento de Genovés: no teníamos claro cuál era el motor de este hombre.

-Eso se ve desde el principio: se van a cargar a alguien si no da su dinero. Se encuentra con ese dilema.

-Ahí empieza un viaje del espectador, ¿hasta dónde llegaría yo? ¿Qué estaría dispuesto a sacrificar? Porque con el dinero de los demás uno nunca tiene problemas, pero si te tocan tu propiedad...

-¿Tú eres tacaño o sueltas pasta?

-¡Yo he soltado pasta toda mi vida!, ¡he perdido mucho dinero!... Siempre ha sido por ayudar a alguien, por echar una mano en un momento complicado.

«Ricardo Darín y otros colegas vienen a casa de mis padres, que son gente normal, de campo. Mi madre les dice: ‘¿Quieres más tortilla?'. Los actores agradecen ese relajo»

-O sea, que les dejabas dinero a tus amigos.

-Mogollón. He dejado mogollón de dinero toda mi vida. Eso está bien por un lado, pero luego no es tan guay. Yo le he dejado dinero a personas que luego no han hecho un solo gesto.

-Eso te pasa porque vas a cumplir 50 y ya tienes «cadáveres» en la mochila...

-Bueno, y porque yo antes ganaba dinero para mí, no tenía problemas con echar una mano donde fuese, pero hoy en día tengo que atender a unos hijos, a una familia, las responsabilidades afectan. Pones las cosas en su lugar.

 

-Le dije a Carlos Blanco que me dijera algo malo de ti y me respondió que eras asquerosamente bueno.

-Ja, ja, ja.

-Dime algo malo de él.

-Imposible, porque yo con él tengo una afección muy especial, fue de las primeras personas en Galicia que me dio chance. Él trabajaba en un programa que se llamaba Con Perdón y me llamó para hacer sketchs con él; yo le tengo especial cariño porque lo asocio a aquellos primeros años. Lo admiro mucho: es uno de los grandes creadores de escena.

-Tú has hecho muchas pelis. Tienes tres Goyas, ¿qué le pides ahora a tu carrera?

-No soy especialmente ambicioso, me gustaría seguir trabajando con cierta tranquilidad, me gustaría dedicarme a esto en la vejez y tener la salud suficiente como para estar activo y digno. Me daría con un canto en los dientes porque es muy complicado. No hay mucha gente mayor dedicándose, por desgracia. Es un mundo de jóvenes.

 

-Pues peor es para las mujeres, se quejan de que a los 50 no les llegan papeles. A ti sí, ¿no?

-Sí, esto es un patriarcado. No hay ningún problema con que haya un sex symbol de 50 años formando pareja con una actriz de 20, pero al revés es más difícil.

«Antes de ser padre, tendía a la melancolía, si no estoy trabajando, tiendo a mustiarme. Ahora con dos niños estoy siempre activo»

-En cualquier caso que sepas que ahora en la redacción me decían: «Luis tiene un punto». ¿Tienes algo de sex symbol?

-Sí, me refiero a que con los hombres en ese aspecto el mundo es más permisivo.

-Sí, sí. Yo te estoy entendiendo, ¿me entiendes tú a mí? [Risas]

-Sí, y yo encantado, además, ja, ja.

-¿Cuáles son tus armas, aparte de tu presencia que impone?

-Que soy muy trabajador.

-¿Tú crees que diciendo eso de «son moi traballadoriño» te harían un match en Tinder? «Soy trabajador y limpio»...

-Eso en Galicia arrasa, ja, ja, ja. «Teño sete vacas, unha corte de 25 metros cadrados...». Esos valores hay que reivindicarlos, sí. Yo soy un chico bastante normal, pero hace tanto que no estoy en el mercado que ya no sé.

-¿Te va la fiesta? ¿Eres de hablar?

-La fiesta me va cada vez menos, yo siempre he sido festeiro, pero me gusta ya tranquila, la barbacue...

-Maribel Verdú se picó en una ocasión porque le preguntaron por los hijos y respondió: «¿Por qué no se lo decís a Tosar?». Así que ahí va: ¿Te ha cambiado la paternidad?

-Sí, para bien. Sobre todo que desde que soy padre estoy muy, muy activo. Yo tenía una tendencia natural al aburrimiento, si no estaba trabajando. No me conviene parar, tiendo a la melancolía, me voy mustiando, pero ahora con dos hijos estoy muy activo. He recuperado habilidades, manejo el bricolaje, le estoy haciendo una casa de madera a mi hijo, me he animado con otra obra en casa con madera. Hay una cierta pericia que no era consciente que la tenía y que me la descubrió la paternidad. Con mi hijo ya surge esa necesidad de montar otros mundos. Eso es una maravilla. Y le restas importancia a temas que antes tenían demasiado, y eso para los actores es importante. Los hijos te cambian el centro de gravedad.

-¿Tienes fiesta preparada para los 50? ¿Algo en mente?

-Todavía me falta un año, entonces... Pero me gustaría celebrarlo a lo grande, me hace cierta ilusión.

-Ricardo Darín me contó una vez que estaba entusiasmado con tu hospitalidad, que lo trajiste a casa de tus padres. ¿Los vas trayendo para que vean lo bueno que tenemos?

-¡Hombre claro! Para que mi madre diga: ‘Come más tortilla', ja, ja.

-¿Tu madre no flipa?

-Mis padres ya lo van normalizando, ya les puedo aparecer con cualquiera, lo saben. Sí, de vez en cuando los llevo, porque mi familia es gente muy tranquila, normal, de campo. Y los colegas se sienten muy tranquilos e integrados. La gente que está muy expuesta a la fama esas cosas las agradece. La familiaridad, el relajo.

-¿Tú eso lo necesitas en un rodaje?

-Lo promuevo con algunos actores, más que con otros. Ricardo y yo nos conocimos extralaboralmente hace muchos años, trabajamos juntos solo una vez, pero nuestra amistad se ha trabado a base de confidencias, de complicidades, de muchas conversaciones transoceánicas. No sé, hemos conectado de manera especial. Yo procuro en los rodajes que la cosa sea lo más fluida posible porque me gusta trabajar con tranquilidad, no me gusta el conflicto, me gusta llevarme bien con la gente y que haya buen rollo. Eso creo que es sano y efectivo, la gente se pone más creativa y se anima más cuando hay confianza.

-¿En esta profesión se hacen amigos?

-Sí, aunque tardes mucho en coincidir. Javier Bardem es otro caso. En realidad nos conocimos en Los lunes al sol, nuestra amistad se plantó ahí.

-¿Alguna vez dijiste que no a un papel en el que te ofrecían mucho dinero?

-Sí, no era un papel, era un anuncio. Me ofrecieron mucho, mucho dinero y dije que no. No tenía reticencias con el producto, pero no me gustó la forma en la que me lo ofrecieron, me pareció muy agresivo, macarra, con el dinero por delante y no todo se tiene que hacer así. Daban por sentado que todo el mundo tiene un precio.

-Has hecho mucho de malo, ¿necesitas ahora cambiar o vas según te ofrecen?

-He hecho de malo, pero también de bueno. Yo soy conocido por tres o cuatro cosas, pero hago muchísimas más, y ahí es donde está la variedad. Lo que pasa es que no tienen tanta repercusión, procuro hacer mi carrera con cosas que me gustan, otras intento descartarlas, y cuando tengo que trabajar sí o sí porque no tengo otras cosa, pues trabajo.

-Candela Peña me contó que había aprendido mucho del bar de sus padres. ¿Cuál fue tu escuela?

-Yo me recuerdo de pequeño haciendo voces, imitaciones, mis primos me pedían que hiciera el diálogo de tal peli. Ahí estaba ya la cosa. Se cocía algo, luego mi profe de Literatura en el instituto, Mavisa, me marcó de cerca con la lectura en voz alta. Es una de las personas que más me ha influido para que me dedique a la actuación. Se empeñó en clase: «Lee esta poesía, esta redacción...», y me metió en teatro.

-Carlos Blanco también me chivó que una vez te equivocaste en «Mareas Vivas» y todo el equipo aplaudió. ¿Eres tan perfecto?

-Me equivoco más que antes de todos modos, soy muy estudioso, es un problema que tengo, pero ya me permito más equivocarme, antes me ponía muy nervioso.

-Gabino Diego cuando conoció a Fernán Gómez del miedo que tenía no lo pudo saludar. ¿A ti te ha pasado con alguien?

-No, yo trabajé con Fernán Gómez, que era una persona que imponía, es verdad, pero era muy respetuoso, muy educado. En ningún momento sentí eso; así que con nadie más, porque si alguien podía imponer, era él.

-¿Eres mitómano?

-Soy muy fan de Robert de Niro, yo no sé de dónde viene, pero me conecta con él de forma brutal. Me veo todas sus pelis, por malas que sean. No lo puedo evitar, el otro día me quedé viendo Heat, y mira que Pacino me flipa, pero De Niro tiene algo para mí magnético, es una debilidad. Pero me dio mucha pena la muerte de Sean Connery, un actor al que le tenía especial aprecio, también por la cercanía de que fuera escocés, nos conecta culturalmente.

-¿Eres muy morriñento?

-Sí, lo que pasa es que ahora estoy hablando contigo y aquí en Madrid está chovendo a cántaros. Cada vez se parece más con el cambio climático.

-Aínda lle queda moito a Madrid para parecerse a Galicia.

-Ahora ya no soy tan morriñento, solo de mi familia, ahí es cuando me pongo nervioso. Echo de menos a mis padres, a mi hermana, pero no sé, yo creo que los gallegos siempre tenemos la sensación de que vamos a volver en cualquier momento.

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