Raquel Martínez Buján, socióloga: «Las normas se saltan cuando son incoherentes con la vida»

Una socióloga, un estudiante y un universitario critican que se culpabilice a los jóvenes en esta segunda ola. Primero fueron los madrileños, luego los niños porque eran supercontagiadores y ahora ellos


Jacobo Lamas es licenciado en Historia y este año está cursando un máster online sobre bibliotecas, archivos y continuidad digital. Desde el pasado mes de marzo sus salidas por Santiago son contadas. Incluso en verano. En junio, cuando la situación era muchísimo mejor que ahora, no salía ni de lejos tanto como antes de la pandemia: «En lugar de estar tomando algo ata as once, pois alongábao un pouco máis ata a unha. Pero non moito máis». Una permisividad que ya zanjó por lo sano desde el inicio de curso. «Agora paso o día metido na casa. Aproveito as mañás e as tardes para estudar», asegura. Como mucho, una vez a la semana se iba a tomar algo con los amigos de más confianza. Ahora ya ni eso: «E sempre nunha terraza ou nun lugar ao aire libre e para botar unha partida ás cartas». En eso se resumía la única licencia lúdico festiva que se permitía durante la semana. Por eso, que se señale a los jóvenes como responsables de esta segunda ola le sienta tan mal: «Estamos ata o gorro. Sei que hai moita xente que está moi molesta. Non creo que o esteamos a facer peor que outros grupos de idades. En todos os sitios hai xente que incumpre e xente irresponsable. Tamén doutras idade», asegura este joven de 24 años.

Pablo Díaz Coira es uno de los representantes del Sindicato de Estudiantes en Ferrol y piensa igual que Jacobo. Ahora cursa Segundo de Bachillerato y quiere dejar claro que, por regla general, los estudiantes están cumpliendo con las restricciones: «La gente que se mueve con nosotros se está comportando con total respeto». La vida, al igual que a todos, también le ha cambiado mucho en los últimos meses: «Es otro mundo. Antes salías los fines de semana con los colegas por Ferrol y ahora todo se resume en quedarse en casa y hacer videollamadas o ir a tomar algo con un par de amigos a un bar y listo». Incluso su clase ya ha renunciado al viaje de fin de curso: «Está más que descartado, aunque sabemos que nunca vamos a volver a tener 17 años», explica quien considera injusto que se culpabilice a los jóvenes. «El virus lo propagamos todos», dice mientras reconoce que no entiende que haya gente que siga haciendo botellón.

¿Y qué opinan los sociólogos? Hablamos con Raquel Martínez Buján, decana de Sociología de la Universidade da Coruña. Considera que siempre es un error responsabilizar a un colectivo concreto de una situación que nos atañe a todos: «Hace unos meses culpabilizábamos a las personas que venían de Madrid a Galicia porque fueron los que trajeron el virus. Después, se demonizó en alguna medida a los niños pequeños porque eran supercontagiadores. Y ahora les toca a los jóvenes. Es un error siempre intentar culpabilizar a determinados colectivos de la situación en la que vivimos porque es más una responsabilidad compartida que una responsabilidad de un colectivo en concreto».

A CUALQUIER EDAD

Lejos de lo que pueda parecer y por su experiencia personal como docente, se atreve a afirmar que no cree que «los jóvenes se salten sistemáticamente las reglas». «Las normas se saltan cuando son incoherentes con la vida. Y algunas lo son. ¿Por qué puedo ir en un autobús lleno de gente y no puedo quedar para cenar con un grupo de compañeros? No nos podemos reunir si somos más de cinco, pero yo sí tengo clase y ahí ya somos más. Estas incoherencias hacen que haya personas que se salten las normas». Esto no significa que no haya jóvenes que actúen de forma poco responsable, algo que también ocurre «con otros grupos de edad». «Aquellas personas que no comprenden la necesidad de cumplir las normas se las saltan», dice.

Martínez Buján aboga por una mayor concienciación sobre la repercusión de contagiar a personas de riesgo: «Conviene concienciar a la gente de que todo esto termina con un abuelo o una abuela que se muere. Porque tus síntomas pueden ser leves comparados con los que tienen los mayores. Pero no creo que se deba responsabilizar a colectivos concretos. Eso es quitar la responsabilidad al Estado de las medidas que toma y ahí es donde está la incoherencia, no en el comportamiento de los individuos».

«Es más una responsabilidad compartida, que de un colectivo concreto»

Además, la socióloga también echa en falta que se regulen las necesidades sociales de todo ser humano: «Se priman más las actividades económicas que aquellas que tienen un valor social y que son las que nos hacen vivir en sociedad y tener un sentimiento colectivo» y apunta a que la manera en la que están diseñadas nuestras ciudades juega también en contra: «La vivienda en España es muy cara, sobre todo, en las grandes urbes y eso hace que las personas vivan más apiñadas, que compartan pisos, que vivan muchas personas en un mismo edificio o barrio. Eso no favorece tampoco el distanciamiento físico que se requiere para el covid».

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